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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1131

Andrea se acercó de puntitas al final del grupo que se había reunido frente a la puerta de Fabio. Lo primero que vio fue a Skye completamente fuera de sí, golpeando a Fabio como si se le hubiera ido la cabeza.

Tenía un almohadón en las manos y lo usaba para aventárselo a Fabio una y otra vez, sin darle respiro.

Mientras tanto, gritaba sin parar:

—¡Ustedes son una familia sin vergüenza! ¿Acaso eres ciego o qué, que no ves que todas tus hermanas son unas descaradas?

Fabio tenía la cara tan tensa que casi parecía de piedra, y el aura de enojo que lo rodeaba era imposible de ignorar.

Lydia Espinosa intentó acercarse para detener a Skye, pero lo único que consiguió fue recibir un par de bofetadas de Skye.

—¡Ay! —se quejó Lydia, llevándose las manos a la cabeza como si de verdad le hubieran partido el cráneo.

En ese momento, Skye ya había perdido todo rastro de cordura. Solo podía pensar en que la que había estado con Ángel en la cama era Yolanda.

¡Yolanda, la misma que siempre estaba metida en la familia Orozco!

Como no podía regresar al país de inmediato para poner las cosas en su lugar, Skye estaba desquitando toda su rabia con Fabio.

Andrea, al ver a esa chica que siempre había sido tan tranquila convertida en una fiera, no pudo evitar que se le erizara la piel.

Fabio logró sujetar la muñeca de Skye de un manotazo:

—Ya estuvo bueno.

—¿Bueno de qué? —le soltó Skye, fulminándolo con la mirada—. ¿No te das cuenta? Tu propia hermana te ve como si fueras su esposo, y todavía se da el lujo de correr a tu futura esposa.

—Y ahora tu prima también anda robándose maridos ajenos. La boda de Ángel es hoy, ¡y anoche ella se metió en su cama!

—¿Y tú tienes el descaro de decir que no son una bola de sinvergüenzas?

En ese momento, Skye hablaba como metralleta, sin darle tregua a Fabio.

Fabio sentía que cada palabra le retumbaba en el cerebro, como si le estuvieran taladrando la cabeza.

—¿Todavía quieres que me calle? ¿No quieres que lo diga? Lavinia se la pasa actuando como víctima delante de ti, y tú sigues diciendo que es una santa.

Al mencionar a Lavinia, el gesto de Fabio se volvió más oscuro.

—Cállate —le espetó, la voz tan seca que helaba el aire.

—No me da la gana, ¿y qué? ¿Dije alguna mentira? Fabio, te voy avisando, yo no voy a dejar pasar esto así nomás con los Espinosa.

Para Skye, ya no existía límite alguno. No le importaba si Lavinia era un tema delicado para Fabio.

Skye estaba tan enojada que no le importaba quién se le pusiera enfrente, a todos les tocaba.

Y a Fabio, además de palabras, también le tocó el almohadón…

Después de soltar todo lo que traía, Skye no se sintió mejor, pero tampoco quería seguir viendo la cara de Fabio. Así que, sin más, le aventó el almohadón directo a la cabeza y salió de la habitación hecha una furia.

Mientras se iba, todavía alcanzó a gritar:

—¡Sinvergüenzas! Les juro que me las van a pagar, así que váyanse preparando.

Estaba claro que Skye no pensaba tragarse ese coraje.

Aunque la mamá de Ángel no la quería, tanto ella como Ángel ya estaban por casarse. Y ahora, justo cuando todo estaba por resolverse, Yolanda —la que siempre estaba metida en la familia Orozco— había terminado en la cama de Ángel.

Eso no iba a quedarse así, ni de chiste.

Fabio, con la cabeza a punto de estallar, gritó:

—¡Tú, detente ahí!

Maldita sea, ¿qué más pensaba hacer Skye?

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