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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1139

En ese instante, el corazón de Solène casi se le salía por la garganta; su respiración se volvió agitada, mientras no apartaba la vista de Vanesa.

El teléfono ya había sido contestado, y Vanesa lo había puesto en altavoz.

Al ver todos estos movimientos, Solène sintió cómo el sudor le recorría la espalda. El miedo la hacía querer arrancar el celular de las manos de Vanesa sin pensarlo.

—Devuélvemelo, dámelo ya —exigió, tratando de quitárselo.

Pero Vanesa apartó el teléfono con agilidad, esquivando el manotazo de Solène. Retrocedió justo para caer en los brazos de Yeray, que ya estaba parado detrás de ella.

Sin embargo, del otro lado de la llamada no se escuchó ni un sonido.

Pasaron varios segundos en silencio absoluto, hasta que de repente la llamada se cortó.

—¡Méndez! —gritó Solène.

Avanzó de inmediato y arrebató el celular, lanzándole una mirada furiosa a René.

—¿Lo viste? Por un chisme sin fundamento, me han hecho la vida imposible estos días, y ahora ni el respeto básico me dan. Esto ya es demasiado.

René no respondió.

—He dedicado años a esta familia, siempre ocupándome de todo, y al final así me pagan... Es para perder la fe en todos —dijo Solène, rompiendo en llanto como si el mundo se le viniera encima.

Vanesa la miró con aburrimiento.

—Ya, ya estuvo bien. Ya estás grande y sigues llorando como si fueras una santa.

Solène se quedó callada, tragándose el coraje.

Vanesa no se detuvo.

—Nadie te obligó a hacerte cargo de nada. Además, ¿con qué derecho dices que lo haces por la familia Méndez? ¿Tú quién eres para esta familia?

—Tú... —comenzó Solène, pero Vanesa la interrumpió.

—Eres solo la amante, ¿o qué no te queda claro? Desde que te metiste en ese papel, perdiste el derecho a exigir respeto. Así que deja de hacerte la víctima.

De pronto, René explotó:

—¡Ya basta!

El rostro de René se tensó al escuchar cómo Vanesa llamaba a Solène “la amante”. Su grito fue tan repentino que todos se quedaron helados; era evidente que intentaba proteger a Solène.

El llanto de Solène se detuvo en seco y, por un instante, en sus ojos asomó una chispa de esperanza mientras miraba a René.

Pero Vanesa no se dejó intimidar.

—¿Ya basta de qué, eh? Hoy mismo averiguo quién fue el que llamó —dijo, clavando la mirada en Solène y René.

Capítulo 1139 1

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