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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1185

A la mañana siguiente.

Isabel se había dormido temprano la noche anterior, así que despertó cuando apenas comenzaba a clarear.

Esteban seguía a su lado, acompañándola sin moverse.

En cuanto abrió los ojos, Isabel se topó con la mirada cálida y sonriente del hombre.

—¿Ya despertaste? —preguntó él, con un tono tan cariñoso que casi parecía un susurro.

Isabel se acomodó y, con algo de esfuerzo, logró darse la vuelta para mirarlo de frente.

—¿Hoy no te fuiste temprano?

Normalmente, cada vez que Isabel despertaba, Esteban ya se había marchado.

Las empresas de la familia Allende siempre estaban a tope de trabajo, pero aún con todo eso, Esteban no fallaba en quedarse con ella todas las noches.

Incluso hacía lo posible por compartir las tres comidas del día juntos.

Sin embargo, en las mañanas y tardes, casi nunca lo veía, así que el desayuno por lo regular lo tomaba sola.

A estas horas, él ya debería haber salido...

—De ahora en adelante, no me iré hasta que despiertes —dijo Esteban, seguro de sí mismo.

En otras palabras, quería que cada mañana, al abrir los ojos, Isabel lo viera primero a él.

Isabel le regaló una sonrisa dulce y se acurrucó en su pecho.

—Entonces voy a intentar despertarme más temprano, ¿sí?

—No hace falta —respondió él, y le revolvió el cabello con ternura.

—Si por mí fuera, te llevaría conmigo a todas partes —murmuró Esteban antes de besarla suavemente en la frente.

—¿Y si mejor me vuelvo tu secretaria? —propuso Isabel, con una chispa de picardía.

—¿Y sí sabes cómo?

—¿Me subestimas? Cuando vivía en Puerto San Rafael, hasta era jefa. Aunque mi negocio era pequeño, yo mandaba.

Después de todo, al haber sido jefa, ¿cómo no iba a poder con tareas de secretaria?

Pero Esteban negó con la cabeza.

—No podría pedirte algo así.

Sabía bien cuántas cosas tenía que atender Lorenzo Ramos, su secretario, todos los días.

Para Esteban, Isabel era su mayor tesoro. No estaba dispuesto a dejarla lidiar con ese tipo de trabajo.

—Pero así podría estar contigo todo el tiempo —insistió Isabel.

—Cuando nazcan los bebés, podrás acompañarme cuanto quieras, ¿de acuerdo?

Capítulo 1185 1

Capítulo 1185 2

Capítulo 1185 3

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