—¿Esteban? ¿El señor Allende?
Al escuchar ese nombre, el semblante de la señora Espinosa se endureció de inmediato.
—¿Esteban… la familia Galindo…? —murmuró. Ambas familias vivían en Puerto San Rafael, así que, por supuesto, sabía lo que les había pasado a los Galindo por culpa de Esteban.
Isabel, la hermana de ese hombre que la tenía entre algodones.
Toda la familia Galindo había sido sacudida hasta los cimientos por él.
Y ahora…
Fabio había dicho que era Esteban quien estaba detrás de todo esto, ¿en serio?
—No puede ser… ¿Cómo va a ser cosa de Esteban? —soltó, incrédula.
—¿Ya se te olvidó que Isabel es la mejor amiga de Andrea? —le recordó Fabio, con una calma que solo puso más nerviosa a la señora Espinosa.
Ella se quedó sin palabras, sintiendo que el pecho se le apretaba.
Claro… Isabel era la mejor amiga de Andrea. ¿Cómo se le había pasado ese detalle?
—Entonces… ¿Esteban se metió en esto por Isabel? —preguntó, buscando una explicación.
—Así es —afirmó Fabio.
—¿Y ahora qué va a pasar con mi Lavinia? —espetó la señora Espinosa, al borde de perder el control.
Ahora entendía por qué, pese a que Fabio había venido hasta Irlanda en persona, no había logrado sacar a Lavinia. Resultaba que todo esto era obra de Esteban.
Antes, solo sabía que Esteban consentía como nadie a su hermana adoptiva, pero nunca imaginó que también fuera tan entrometido.
—¿Y ese señor Allende no tiene nada mejor que hacer? ¿A poco también se va a meter en los asuntos de la familia Espinosa? —soltó furiosa, casi brincando de la rabia.
¿Qué podían hacer ahora?
Si Esteban era quien estaba vigilando todo, sacar a Lavinia iba a ser una tarea casi imposible.
Fabio guardó silencio.
La señora Espinosa, fuera de sí, continuó:
—Aunque sea el señor Allende el que está al pendiente, la clave debe estar en Andrea.
—Todo es tu culpa, por haberle consentido tanto. Ahora ya no sabe distinguir entre el bien y el mal. Solo era una huésped en nuestra casa, ¿qué esperaba? ¿Que la tratáramos como a una princesa o qué?
La rabia le hervía por dentro. Saber que Lavinia no podía salir solo por culpa de Esteban la tenía al borde del colapso.
Fabio se apretó las sienes, sintiendo que la cabeza le daba vueltas.
—No me importa cómo le hagas, pero tienes que conseguir que Lavinia salga de ahí —exigió la señora Espinosa, entre sollozos—. Tiene que salir cuanto antes.
Después de despotricar contra Andrea, ya no le importaba quién estuviera detrás de todo esto. Solo quería que su Lavinia saliera lo más rápido posible.
—No va a ser tan sencillo —advirtió Fabio, bajando la voz.
Ahora que Esteban estaba involucrado, liberar a Lavinia no sería cosa fácil.
—Tú… —empezó a decir ella.
—A mí también me duele verla ahí. Tranquila, voy a ver qué puedo hacer —aseguró Fabio.
Como había dicho la señora Espinosa, todo tenía raíz en Andrea. Así que él tendría que buscar la manera de arreglar las cosas con ella…

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