Carlos salió del cuarto justo a tiempo para escuchar a Paulina lanzar esa frase tan determinada.
Por lo general, él siempre se mostraba distante y duro, pero en ese momento, una sensación extraña lo envolvió: alguien lo estaba defendiendo. Esa emoción le dibujó una sonrisa leve en los labios.
Que lo protegieran… después de tantos años, era la primera vez que experimentaba algo así.
Del otro lado del teléfono, Alicia escuchó a Paulina decir que se haría responsable, que todo era iniciativa suya.
No pudo evitar que se le escapara una mueca: —¿Hija, te volviste loca o qué?
—Fui yo la que se le puso firme a él —respondió Paulina, sin titubear.
—¡Ajá! —soltó Alicia, pero lo dijo como si no le creyera ni una pizca.
¿A poco creía que ella no conocía a su propia hija?
—¿Y no te da miedo que te haga algo? ¿Tú crees que después de decir eso yo me lo voy a tragar?
Cuando Paulina recién había empezado a salir con Carlos, le tenía un miedo tremendo. ¿Cómo iba a engañarla ahora diciendo que era ella la que lo enfrentaba?
—De todos modos, tengo que responder por él. Ni modo, aunque no quieras, vas a tener que aceptar. A ver, dime, ¿cuánto quieres de dote para que te convenza de darme tu bendición? —Paulina no se echaba para atrás.
—Mira nada más, ya se me fue la niña de la casa. ¿Y si te digo que no acepto?
—Entonces dejo de comer, a ver quién aguanta más tiempo, si yo o tu nieta o nieto. Ellos no sé si aguanten, pero yo tengo aguante de sobra.
Alicia se quedó callada.
La muy condenada, ¡la estaba amenazando con el bebé!
Eso de ser abuela no lo tenía en mente tan pronto. Alicia se miró en el espejo, preguntándose cómo era posible estar a punto de estrenar nieta o nieto a esa edad.
Pero la verdad, su hija la tenía contra las cuerdas…
—No vengas con chantajes, eh. Si al bebé le pasa algo, te arranco la piel, ¿entendiste?
—¿Entonces sí aceptas?
—Que sepas que mi hija cuesta caro —bufó Alicia—. Por menos de mil millones de pesos, ni pensarlo.
—¿Y después de todo lo que Carlos ha hecho por Lago Negro? Si hasta se partió el lomo por sacar adelante la empresa y ni así te parece suficiente.
—¿Ya empiezas a defenderlo? ¿De verdad, hija? ¿Tanto te lavaron el cerebro? ¿Para eso te crié?



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