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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1209

Hasta secuestrada, Paulina seguía pidiendo cosas. No solo una o dos, sino toda una lista... y para colmo, ¡todo era comida!

Eric y Julien no podían dejar de preguntarse: ¿cómo le hacía Paulina para estar tan tranquila en medio de todo esto?

Cristian, al otro lado de la línea, ya no aguantaba más y explotó:

—¿Pues qué soy yo, su sirvienta o qué? ¿Acaso le debo la vida? Tengo que estar atendiéndola, y ni siquiera es fácil. Si no le cumplo cada capricho, se la pasa llorando y luego va de chismosa. Desde chico nunca he cuidado a nadie, ¿es que no se da cuenta que ella es la rehén aquí?

El tono de Cristian se volvía más y más desquiciado. Era evidente que estaba perdiendo la paciencia.

Eric y Julien se quedaron callados, intercambiando miradas. ¡Pobre secuestrador! Hasta les dio lástima.

Escuchando las quejas de Cristian, en vez de molestarse, Julien y Eric sintieron que tampoco era fácil estar en los zapatos de Cristian. ¿Quién iba a pensar que ser secuestrador podía dejarte un trauma?

La voz de Cristian sonaba al borde del colapso, como si estuviera lidiando con un berrinche imposible de controlar.

Carlos intervino con calma:

—Pues entonces, atiéndela bien.

Cristian no lo podía creer.

—¿Cómo que la atienda bien? ¿Tú no sabes lo difícil que es lidiar con tu mujer? ¿En serio?

—Nada más te digo, Carlos, apúrate con lo de Lago Negro. Porque como esto no se resuelva pronto, te juro que la deshuello. No tengo paciencia, ¿eh?

De inmediato, la voz de Carlos atravesó el teléfono, cargada de peligro:

—Si te atreves a tocarle un pelo...

Cristian no se achicó.

—¿Tú crees que no me atrevo?

Pero al final, se quedó callado. La verdad, no se atrevía.

—Solo apúrense, ya. No puedo seguir cuidando a esta señorita. Solo espero que lleguen rápido y se la lleven de aquí.

Sin más, Cristian colgó. El ambiente quedó en silencio, tenso.

Carlos intentó devolver la llamada, pero el celular ya estaba apagado del otro lado.

Julien y Eric volvieron a mirarse.

Eric soltó una exhalación como quien no aguanta la risa:

—Oye, ¿cómo le hace mi cuñada? De verdad, hasta logró que Cristian se pusiera así de alterado.

Sí, en la llamada se escuchaba clarito que Cristian estaba al borde del ataque de nervios. Parecía que la rehén era él.

—Esto ni parece un secuestro. Cualquiera que escuchara, pensaría que la que tiene el control es Paulina, no Cristian.

El momento, que debía ser de pura tensión, ahora les provocaba un ataque de risa contenido.

—¿En serio, cómo le hace mi cuñada?

Julien pensó en voz alta, recordando lo que sabían de Cristian: con todo lo que había pasado entre él, la familia Ward y el tema de Lago Negro, debía odiar profundamente tanto a Paulina como a su madre, Alicia.

Capítulo 1209 1

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