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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1227

Andrea

Acababa de salir de la ducha y estaba tirada sobre la cama, cuando Céline, que ya se había subido a la cama, le preguntó:

—¿Qué quieres cenar hoy? No podemos cenar pastel, ¿verdad?

—Mejor comemos algo de verdad.

En realidad, a Céline los postres como el pastel nunca le llamaron mucho la atención. Además, comer ese tipo de cosas solo hacía que una subiera de peso, y eso sí que no lo aceptaba.

—La verdad, estoy cansada, no quiero salir. ¿Qué tal si pedimos comida a domicilio? —propuso Andrea.

—¿Entonces quieres carne asada, pasta, pizza o alguna botana?

Céline pensaba que Andrea solo gustaba de esas comidas “limpias” y sencillas.

Pero estaba equivocada...

—Quiero pedir un platón de comida picante, ¿se puede? —soltó Andrea.

En cuanto Céline escuchó que quería comida picante, los ojos le brillaron.

—¿Cómo no? ¡Eso me encanta!

Hasta se le iluminó la cara. A ella la pizza ni le iba ni le venía; para ella solo era un pan con otro nombre bonito.

Al ver la expresión de Céline, Andrea sonrió con más ganas.

—Entonces yo pido.

—Va, pídeme papas, chayote y camarones, ¿sí?

Céline no se andaba con rodeos: si su cuñada pedía, ella también quería de todo. Andrea se quedó pensativa un segundo... justo eso le gustaba a ella.

Antes, cuando estaba con Fabio, él nunca comía ese tipo de cosas, así que siempre tenía que adaptarse a su gusto. Casi nunca podía comer lo que le gustaba de verdad, y si alguna vez lo hacía y Fabio se daba cuenta, él siempre se molestaba.

Era como si, por mantenerla, él tuviera el derecho de decidir qué podía y qué no podía comer.

Pero esas cosas como foie gras, o los platillos con vino tinto, en serio no le gustaban. Le parecían raros. Y la comida picante, que era lo suyo, Fabio nunca la dejaba pedir.

Ahora que por fin tenía con quien compartir algo a su gusto, Andrea no se contuvo y pidió un montón.

...

Cuarenta minutos después, sonó el timbre. Andrea fue a abrir, pensando que era el repartidor, pero al abrir la puerta, vio a Mathieu parado ahí.

El corazón le dio un brinco.

—¿Señor Lambert?

—¿Tú pediste esto? —preguntó Mathieu, mostrándole la bolsa del pedido.

—Tú come con mi hermano —soltó Céline mientras salía, agitando la mano.

—Oye, pero...

Andrea ni siquiera terminó la frase; Céline ya iba lejos, y todavía gritó desde el pasillo:

—Él come mucho, seguro acaban con todo.

—¡¡¡¿Eh?!!! —Andrea se quedó boquiabierta.

¿Era ese el problema? ¿Comer mucho?

Mathieu, sin perder tiempo, agregó:

—Sí, juntos podemos acabarla.

Andrea no supo qué decir.

Céline ya se había ido. Andrea miró a Mathieu, que seguía parado en la entrada.

—Pasa —dijo, haciéndose a un lado.

Mathieu entró al departamento, fue directo a lavarse las manos y luego empezó a abrir los recipientes de comida.

Había pedido un bucket de pollo frito familiar. Luego abrió el platón de comida picante que Andrea había pedido, y el olor a chile y especias llenó el cuarto...

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