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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1370

—¿Qué?

—Dijiste que cuando crecieras, te ibas a casar conmigo.

Andrea se quedó muda. De nuevo, sintió como si una campana le retumbara en la cabeza.

—¿Qué? ¿De qué hablas? Yo...

—¿De verdad no te acuerdas?

Andrea no pudo terminar la frase, Mathieu la interrumpió antes.

Andrea se quedó en silencio. ¡Espera!

Él...

De pronto, una imagen borrosa cruzó por su mente, pero esa voz le resultaba tan familiar.

Era un recuerdo enterrado en lo más profundo de su memoria, olvidado en un rincón. Si nadie se lo hubiera mencionado, quizá nunca lo habría recordado en toda su vida. Pero ahora, Andrea lo recordó...

En esa memoria, su voz sonaba dulce:

—Amigo, tú eres guapo, yo también soy guapa.

—¿Y eso qué?

—Como soy guapa, cuando crezca, me quiero casar con alguien guapo como tú, ¿te parece?

Al recordar eso, Andrea sintió que el aire se le escapaba del pecho.

Miró a Mathieu, sin poder creerlo.

—¿Tú... tú eres el sobrino de la señora Zamora?

Mathieu asintió.

Por fin Andrea lo recordó de verdad. La señora Zamora, su maestra de piano, la mujer con la que vivió hasta los ocho años.

De niña, Andrea estuvo un tiempo aprendiendo piano con la maestra Zamora. Recordaba que muchas veces, al salir de la escuela al mediodía, era la maestra quien le preparaba la comida. Después de comer, le enseñaba piano.

Gracias a la compañía de la señora Zamora, Andrea logró pasar el quinto nivel de piano antes de los ocho años.

Pero Mathieu... —¿No que tú eras de París? ¿Entonces por qué...?

—Mi mamá es de Puerto San Rafael —explicó Mathieu.

Andrea se quedó callada.

Mathieu continuó:

—Si no, ¿cómo hubieras podido conocerme?

Después...

Se enfocó en salir de la familia Espinosa, puso todo su empeño en los estudios, en ganar dinero, en huir de esa casa.

Aunque Fabio después se la llevó a vivir fuera, cada vez que él no estaba, la señora Espinosa iba a donde vivían. Siempre que veía a Andrea, le echaba miradas de odio y desprecio.

Lavinia también aparecía cuando quería. Si Fabio le compraba algo a Andrea, Lavinia se lo quitaba.

Así que vivir con Fabio no era muy diferente a estar en la casa Espinosa. Por eso, Andrea juró que algún día se iría, que nunca volvería a depender de esa familia. Esa casa se sentía como un grillete que la ahogaba.

Y ahora, estaba en Irlanda.

Nunca imaginó que Lavinia seguiría persiguiéndola.

—¿Por qué lloras ahora? Ya, ya, no te voy a molestar más con lo que hacías de niña.

Mathieu no entendía por qué Andrea lloraba. Se acercó y, con delicadeza, le limpió las lágrimas del borde de los ojos.

—No pensé que hubieras pasado todos estos años con la familia Espinosa. Creciste tanto, que ya ni te reconocía.

—¿Y por qué hoy sí me reconociste? —preguntó Andrea, intrigada.

Mathieu se quedó callado, su cuerpo se tensó.

Eso... no era fácil de explicar. En realidad, fue porque anoche, cuando ella se estaba bañando, él...

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