Esa simple frase de Andrea, —¿Piensan regresar a Puerto San Rafael?—, hizo que el semblante de Fabio y Lavinia se ensombreciera de inmediato.
El corazón de Lavinia se le subió hasta la garganta.
—¿Tú… tú qué piensas hacer?
Si Andrea sabía que ella quería volver a Puerto San Rafael, ¡seguro la iba a delatar!
Fabio frunció el ceño mirando a Andrea.
—¿Qué pretendes…?
—Tranquilos, no voy a llamar a la policía —le soltó Andrea.
Aunque ella no fuera a dar aviso, quién sabía si lograrían salir de Irlanda.
Fabio seguía con el ceño apretado.
—No le creas, hermano, no es tan buena gente como quiere parecer —Lavinia temblaba mientras hablaba, desesperada.
La intención de Lavinia era tan clara que hasta parecía que le insinuaba a Fabio que no dudara en noquear a Andrea, o incluso… deshacerse de ella.
Fabio no captó del todo la indirecta.
Pero Andrea sí lo entendió, y le lanzó una mirada de burla a Lavinia.
—Seguro extrañas muchísimo a tu mamá, ¿verdad?
Lavinia guardó silencio, apretando los labios mientras miraba fijamente a Andrea, los dedos crispados alrededor del cenicero.
—Ven acá, quiero hablar contigo —soltó Lavinia.
Andrea arqueó la ceja.
—¿Y qué me quieres decir?
—Ven —insistió Lavinia.
—¿Quieres que me acerque para que me revientes la cabeza con el cenicero? —Andrea habló despacio, casi soltando una carcajada sarcástica.
Su tono estaba cargado de burla, como si se mofara de la torpeza de Lavinia.
Al mismo tiempo, se burlaba de Fabio, quien siempre la defendía diciendo que su hermana era de buen corazón.
Había repetido durante años que Lavinia era inocente.
Sí, una inocencia tan retorcida que apestaba a maldad.
Fabio, al escuchar ese comentario, volvió a fruncir el ceño y miró a Lavinia por encima del hombro.
Lavinia, al notar que Andrea había descubierto su plan, se puso aún más alterada.
—¡Hermano, mátala! ¡Tienes que matarla!
Su grito desgarró el ambiente, desesperada ante la posibilidad de que Andrea saliera viva de esa habitación.
Si Andrea lograba irse de ahí, todo se acabaría para Lavinia.

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