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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1397

En Irlanda.

Andrea ya le había comentado a Mathieu que tenía que ir a la boda de Paulina y que pediría permiso.

Mathieu soltó:

—¡Justo! ¡Yo también tengo que ir!

—Ah, cierto, tú también vas —dijo Andrea, recordando la invitación.

Mathieu y Carlos tenían cierta relación. Si Carlos le había mandado la invitación, era natural que Mathieu asistiera.

Mientras seguían platicando, el teléfono de Andrea comenzó a sonar. Ella miró el número en la pantalla.

—Espera, voy a contestar.

Mathieu soltó su mano, cediéndole espacio.

Ahora, los dos ya parecían una pareja formal. Al regresar a casa, después de cenar, Andrea se sentó a ver la tele en el sofá. Mathieu la abrazó, se acomodó con ella bajo una cobija y se puso a leer su libro. Así, juntos, envueltos en la manta, se sentían en paz.

Andrea se apartó un poco para contestar:

—¿Bueno?

—Andrea, ¿me odias tanto? —del otro lado, la voz de Lavinia sonó desquiciada, llena de rabia—. ¿De verdad quieres que me muera para quedarte tranquila?

En ese momento, Lavinia no se atrevió a insultar a Andrea. Sabía bien que ahora Andrea tenía a la familia Lambert respaldándola. Mientras siguiera en Irlanda, no podía pasarse de la raya ni con una palabra. Quería insultarla, llamarla de todo, pero no se atrevía...

Si por alguna razón no lograba volver a Puerto San Rafael y tenía que quedarse varada en Irlanda, temía que hasta sería castigada por faltarle el respeto a Andrea.

Al reconocer la voz de Lavinia, Andrea estuvo a punto de colgarle. Con alguien así, no había nada que valiera la pena decir.

Pero Lavinia siguió:

—Ya entendí, fue mi culpa. Te pido perdón.

Andrea dejó de intentar colgar.

—Si de verdad me odias, pégame, haz lo que quieras —le suplicó Lavinia—. Pero no me hagas esto, ¿sí?

—Hazme lo que quieras, pero no me dejes aquí en Irlanda.

—...

—Seguro ya andas pensando cómo te vas a desquitar conmigo cuando vuelvas a Puerto San Rafael, ¿verdad?

—No, no es cierto...

—Tú sabes bien si sí o no. Con lo que eres, ¿de verdad crees que te voy a creer que te arrepientes de algo?

Si no fuera porque esta vez estaba contra la pared y entendió que Fabio no podía sacarla de Irlanda, Lavinia jamás se habría rebajado a pedirle disculpas a nadie. Con ese carácter, era capaz de pasarse la vida entera sin pedir perdón.

Lavinia, al verse acorralada, perdió la calma.

—Entonces dime, ¿qué quieres que haga?

—¿Yo? ¿Acaso me atrevería a pedirte algo? Si te dejo volver a Puerto San Rafael, ¿no vas a querer destrozarme en cuanto puedas?

—Te juro que no, no haría nada así.

Lavinia ya estaba desesperada. Por regresar a Puerto San Rafael, era capaz de humillarse hasta lo más bajo con tal de convencer a Andrea.

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