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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1406

En ese momento, Lavinia no podía creer que Fabio no tuviera manera de llevarla de regreso.

—Él nunca pensó en hacerme volver. Así ya nadie podrá impedir que esté con Andrea.

—Señorita, usted... —intentó decir Lucio, pero antes de que pudiera terminar, la policía de Irlanda llegó al lugar. Subieron al avión sin previo aviso y, sin dudarlo, le mostraron las esposas a Lavinia.

Lavinia entró en pánico.

—¡No, yo no quiero! —gritó, desesperada.

Varios policías se acercaron y, sin darle oportunidad de resistirse, le pusieron grilletes en los tobillos, pues no podía moverse bien por sí sola.

La levantaron entre varios y la sacaron del avión a la fuerza.

—¡No quiero regresar! —chilló Lavinia a todo pulmón—. Hermano, ¡sálvame, por favor! ¡Sálvame! ¡Sálvame!

—Ya entendí, ya sé que estuve mal, de verdad, no volveré a meterme con Andrea. Díselo, por favor, dile que ya entendí.

—¡Hermano, hermano, hermano...!

Fabio quiso intervenir.

Pero al momento de ponerse de pie, los policías lo miraron con advertencia, tensando la situación.

Incluso uno de ellos ya tenía la mano sobre el arma, listo para usarla si era necesario.

—Señor Espinosa, por favor, no interfiera con nuestro trabajo —le advirtió el jefe del grupo en perfecto español, con un tono que no dejaba lugar a dudas.

Los gritos desesperados de Lavinia se fueron apagando poco a poco mientras la alejaban:

—¡Hermano, dile a Andrea que de verdad lo siento, que me perdone, que me deje en paz, por favor!

Fabio cerró los labios con fuerza.

Sus ojos reflejaban una intensidad helada, una amenaza muda.

Pero por más que su presencia intimidara, aquello no era su país. Estaban en Irlanda.

Al final, solo pudo ver cómo se llevaban a Lavinia...

O tal vez, en el fondo, ya no tenía ganas de pelear más.

Aquel accidente de carro de años atrás, Lucio también lo había investigado, y sí, había encontrado que la señora Espinosa tenía algo que ver.

Fabio podía desconfiar de Andrea, o de Bastien si quería.

Pero las cosas que Lucio había logrado descubrir... esas sí le daban qué pensar.

Jamás imaginó que la familia Espinosa estuviera tan podrida por dentro.

Lavinia fue llevada por las autoridades.

Solo quedaron Fabio y Lucio. El silencio pesaba.

—Señor —dijo Lucio.

—Vigila el informe de los peritajes —ordenó Fabio, sin mirarlo siquiera.

Lucio asintió.

—Suéltame —protestó Andrea, moviéndose incómoda.

Pero en ese instante, Mathieu tomó un tamal reluciente y se lo acercó a la boca.

—Prueba esto.

Andrea vio el tamal, brillante y tentador, y se le hizo agua la boca.

—¿Cómo le hiciste para que la masa quedara transparente?

El tamal no tenía la mejor forma, pero esa textura brillante resultaba de lo más apetecible.

—Lo aprendí de un tutorial —respondió Mathieu, con una sonrisa.

Andrea se quedó sin palabras.

—Ah...

Escuchar la palabra “tutorial” la hizo tensarse de inmediato, recordando a Mathieu estudiando videos para aprender a ser novio.

Ya no necesitaba tutoriales para amar, pero para la cocina... sí que seguía investigando.

Sin embargo, saber que alguien se esforzaba tanto por aprender cosas para ella, le hizo sentir un calorcito en el pecho.

En eso, Céline apareció.

Al ver a la pareja tan acaramelada desde tan temprano, solo suspiró y salió de la cocina en silencio, resignada a presenciar otra dosis de amor ajeno.

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