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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1415

Nada más entrar, se toparon con una escena de lo más peculiar.

Paulina estaba sentada en el sillón, mientras Eric no paraba de reír, casi sin poder respirar.

—Te lo juro, nunca había visto a alguien tan ingenuo, —soltó Eric entre carcajadas—. ¡De verdad que no!

Paulina, con su típica calma, añadió:

—Yo tampoco había visto algo así.

Eric, sin poder contenerse, siguió:

—Pero dime, ¿cómo se te ocurrió sacarle tanto dinero? ¡Y lo peor es que él te dejó! —se atacó de la risa otra vez—. ¡Jajaja!

En la entrada, Carlos y Julien se quedaron en silencio, perplejos ante la escena que tenían enfrente. Habían vuelto casi corriendo, pensando que algo grave pasaba, y ahora esto los dejaba sin palabras.

Paulina, sin perder la compostura, explicó:

—Si no le sacaba hasta el último peso, ¿cómo iba a dejarme tranquila? Tenía que aprender que molestarme sale caro.

—¡Jajaja! —Eric volvió a reír a carcajadas.

Solo de acordarse de la cara de Cristian apretando los dientes mientras hacía la transferencia, le daban más ganas de seguir riendo.

Pero al ver a Carlos con el ceño fruncido parado en la puerta, Eric se calló de inmediato.

—Hermano…

Paulina notó la llegada de Carlos, se levantó y se acercó a él con pasitos cortos, casi tambaleándose.

—Ya volviste.

Carlos le revolvió el cabello con cariño.

—¿De qué se ríen, eh?

Eric, emocionado, le soltó:

—Hermano, hoy la cuñada se ganó doscientos millones —dijo, exagerando—. Todo sacado de Cristian, ni más ni menos.

—Después de lo de hoy, te juro que ese tipo ya no va a querer acercarse a la cuñada ni en sueños.

Y volvió a estallar en risas.

Carlos lanzó una mirada de advertencia a Eric, pero luego se enfocó en Paulina.

—¿Qué pasó exactamente?

Paulina se encogió de hombros.

—Nada fuera de lo normal, solo que a Cristian se le ocurrió intentar una “boda forzada”.

Las palabras le cambiaron el semblante a Carlos, de inmediato se le endurecieron las facciones.

¿Todavía se atrevía a venir a secuestrar a Paulina? Ese tal Cristian ya se estaba pasando de la raya… Quizá había llegado el momento de acabar con ese asunto.

Paulina, notando el ambiente tenso, añadió:

—Pero no te preocupes, después de lo de hoy, te aseguro que no va a atreverse a volver a intentarlo.

Paulina contó toda la historia, desde el principio hasta el final, sin omitir detalles.

A medida que iba narrando, Julien y Carlos se dieron cuenta de que la situación había superado sus expectativas. Recordaron la vez anterior, cuando Cristian la secuestró y, mientras tanto, Paulina solo exigía carne asada, refresco y queso fundido. Hizo una lista enorme de antojos, como si estuviera en una fiesta.

Cuando por fin la rescataron, Cristian estaba tan alterado que parecía que le iba a dar un infarto.

¿Y ahora había vuelto a intentar lo mismo?

No hacía falta ser un genio para imaginar el desenlace…

Cristian debió haber salido huyendo de la casa, otra vez con los nervios de punta.

Sin embargo, Carlos no dejó que la escena se volviera solo una anécdota divertida. De pronto, le soltó una patada a Eric.

Eric, que seguía riendo, se quedó boquiabierto.

—¿Y ahora por qué me pegas, hermano?

Carlos lo miró con seriedad.

—¿No entiendes por qué? Da gracias que hoy fue ese inútil de Cristian. ¿Qué tal si hubiera sido otro?

Julien intervino, con el tono más seco:

—No es broma. Todo esto parece chistoso, pero si no hubiera sido Cristian, ¿qué estaríamos haciendo ahora?

El ambiente se puso denso, y hasta Eric dejó de reír. Sabían que, aunque esta vez todo había terminado en risas, la situación podía haber sido mucho más peligrosa.

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