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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1419

Al escuchar lo que dijo Esteban, Isabel lo miró con fingido reproche.

—¿Qué andas diciendo?

Esteban soltó una risita y la rodeó con el brazo, acercándola a su pecho.

—Los niños todavía están pequeños. Cuando ya te hayas recuperado bien, vas a tener todo el tiempo del mundo para convivir con ellos, ¿sí?

Isabel asintió y luego mencionó:

—Hace rato Pauli me llamó por teléfono.

—¿Para invitarte a la boda?

En cuanto escuchó la palabra “boda”, Esteban mostró el mismo rechazo de siempre. No quería que Isabel fuera, y mucho menos después de la cirugía. Él había estado ahí, viendo cada detalle del procedimiento, sabía perfectamente cómo había quedado su cuerpo después de la operación. Por eso, pasara lo que pasara, él no iba a dejar que ella se cansara con nada.

—No es por eso —corrigió Isabel.

...

—¡Es que Cristian fue a armarla y quiso robarse la boda! Fue a buscar a Pauli hace rato.

Esteban se quedó callado, procesando la noticia.

¿Cristian, intentando robarse la boda?

En la situación en la que estaba ahora, sin trabajo, sin respaldo, ¿todavía se atrevía a enfrentarse a Carlos?

—¿Y Paulina? —preguntó Esteban, intrigado.

—Antes de que Carlos regresara, ella sola logró hacer que Cristian se fuera, bien enojado.

—¿Se fue enojado?

El asombro de Esteban era genuino. ¿Un tipo que va a robarse la boda y termina yéndose con la cola entre las patas? ¡Eso sí que estaba fuera de lo común!

Isabel asintió.

—Sí, Pauli le exigió un montón de cosas sobre los bienes. Todavía ni llegaba al tema del dinero, y Cristian ya no aguantó más y se largó.

Al hablar de Paulina, Isabel no pudo evitar sonreír. Si alguien sabía cómo hacer rabiar a los demás, esa era ella.

Isabel se tomó su tiempo para contarle con detalles cómo Paulina había logrado sacarle todo ese dinero a Cristian, solo porque la alfombra se había ensuciado.

Cuando terminó, Esteban no supo ni qué decir. En el fondo, tenía que reconocer que Paulina sí sabía cómo manejar las cosas.

La vez anterior, Cristian la había secuestrado y ella logró sacarlo de sus casillas. Ahora, sin hacer nada, solo porque la alfombra se manchó, consiguió que le diera doscientos millones.

—Antes le tenía miedo a Carlos, parecía que no tenía valor para nada —comentó Esteban.

Isabel negó con la cabeza.

—Eso crees tú. Yo que conviví tanto con ella en Puerto San Rafael, sé perfectamente cómo es. Si hay alguien que no es cobarde, esa es Paulina.

En realidad, después de todo el tiempo que pasaron juntas, Isabel conocía bien el carácter de Paulina. Si de algo estaba segura, era que de tímida no tenía nada.

—Por eso no entiendo, ¿para qué Cristian fue a buscarla otra vez? Si la última vez no le fue nada bien.

Esteban guardó silencio. Ya ni hablar de “no le fue bien”, lo que había escuchado de boca de Carlos era que Cristian había salido bastante mal parado. Y, aun así, se atrevía a buscar a Paulina otra vez… De verdad que no aprendía.

—Bueno, ya no hablemos de ellos —dijo Esteban, cambiando de tema—. Y tú, ¿ya pensaste cómo les vas a poner a los niños?

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