Vanesa solo podía pensar que a Dan le faltaban unos cuantos tornillos.
Dan estaba tan enojado que parecía que iba a explotar.
—Oye, Vanesa, ¿no van a traer el cuerpo de vuelta, verdad? Por cierto, ¿ya te pidieron que regresaras a encargarte de eso? —preguntó con una voz cargada de sarcasmo.
Se notaba a leguas que Vanesa lo decía solo para burlarse.
Dan, harto de tanta provocación, colgó el teléfono de golpe.
...
Cuando Yeray salió de bañarse, vio a Vanesa en la cama, echada, untándose crema en las manos como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.
Su cara reflejaba pura satisfacción, como si acabara de ganarse la lotería.
Yeray se acomodó del otro lado de la cama y preguntó:
—¿Qué te tiene tan contenta?
Vanesa rio bajito.
—Dan está que revienta del coraje. Quería usar el cuerpo de Patrick para seguir fastidiándonos, pero se le acabó el jueguito.
Ahora sí, le tocaba a Dan lidiar con todo el show, y ni siquiera podía echarnos la culpa.
Por eso siempre hay que dejarme manejar estas cosas —añadió, con una media sonrisa triunfal—. No más aparezco y mira, lo dejo fuera de sí.
—Todavía me pregunto cómo pude fijarme en alguien así. Nunca hizo nada bueno y encima terminó queriendo sacar ventaja de mí —aventó Vanesa, negando con la cabeza.
Yeray solo la miró, sin saber qué decir. En el fondo, sentía un enorme alivio.
De pronto, la rodeó con los brazos, apretándola contra su pecho.
—Ya, mejor duerme.
Vanesa se acomodó, buscando su calor.
—Contigo también siento que salí perdiendo —murmuró de repente.
—¿Eh? —Yeray parpadeó, confundido—. ¿Por qué?
Ella suspiró.
—Solo fue una vez... y me dolió como no tienes idea.
Yeray se quedó callado.
Solo una vez y terminó embarazada.
...
La familia Allende vivía en un ambiente de paz y armonía. Si nadie venía a molestar, todo marchaba perfecto, cada quien en su rutina, disfrutando de la vida.
Esa noche, todos durmieron de maravilla. Al amanecer, cada quien siguió con sus actividades como si nada.
Pero Andrea y Mathieu, al despertar, se quedaron boquiabiertos.
La noche anterior, cada uno se había dormido en su propio cuarto. Sin embargo, al abrir los ojos, lo primero que vieron fue el rostro del otro.
¿Y esa cama tan dura? ¿Qué demonios había pasado?
Ambos se incorporaron y miraron a su alrededor, cada vez más confundidos.
—¿Dónde estamos? —preguntó Andrea, con los ojos bien abiertos.
A su alrededor, todo estaba decorado con flores frescas. Parecía el escenario de alguna fiesta o celebración. Había muchas sillas cubiertas con tela blanca y en cada una, un ramo de flores.
Mathieu se sobó las sienes, intentando recordar algo. Después de dar una vuelta por el lugar con la mirada, respondió:
—Creo que... esto es una iglesia.
—¿¿¿Qué??? —Andrea no podía creerlo.

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