Aquí, en la iglesia Sierra Ignis.
Mathieu y Andrea por fin terminaron de despertar por completo.
Cuando Mathieu se vio vestido con un traje blanco de gala, incluso con una flor en el ojal, Andrea no pudo evitar que le temblara la comisura de los labios.
—¿Por qué vienes vestido así?
—¿Y tú por qué llevas eso puesto?
Ambos hablaron al mismo tiempo.
Luego, bajaron la mirada al mismo tiempo para revisarse... y lo que vieron terminó de dejarlos en shock.
Especialmente Andrea, que al notar el vestido de novia que traía puesto, sintió que el mundo se desmoronaba.
¿Un vestido de novia? Entonces lo de Mathieu... ¿es el traje de novio?
Esto...
¿Alguien podía explicarles qué carambas estaba pasando?
En ese momento, un anciano con bata de pastor y un portafolio negro en la mano fue directo al altar, justo bajo la cruz que simbolizaba el juramento.
Ante la confusión de Mathieu y Andrea, el anciano comenzó a recitar los votos matrimoniales.
Mathieu no sabía qué decir.
Andrea tampoco.
Dios, ¿esto qué era?
Ambos se miraron a los ojos y, sin palabras, encontraron la respuesta en la mirada del otro.
No hacía falta decirlo: esto tenía el sello de Céline, que llevaba tiempo queriendo emparejarlos.
Después de una larga e imponente letanía de bendiciones, el pastor miró con seriedad a Mathieu.
—Mathieu, ¿prometes cuidar a la señorita Marín en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, y permanecer a su lado como su esposo para siempre?
Mathieu, señalado de golpe, miró al pastor con cara de no saber si reír o llorar.
El pastor se aclaró la garganta.
—No me mires a mí, mírala a la señorita Marín.
—¡¡¡—!
No podía ser. ¿Céline no pudo haber hecho algo más decente? ¿Así de improvisado todo?
¿Solo estaban ellos dos y el pastor en la iglesia?
Mathieu había visto la boda de Esteban, y esto no se parecía en nada: ¡casarse era un evento único!
Por dentro, sentía que le habían dado un golpe directo al corazón.
Volteó a ver a Andrea, intentando buscar alguna salida.
Andrea le soltó:
—¡Dilo!
—¿Decir qué?
Por fin entendió lo que era "aventar a alguien al ruedo sin preguntarle". Ni siquiera les dieron chance de prepararse.
Por mucho que le gustara Andrea, por mucha ilusión que tuviera, ¿no se suponía que algo tan importante debía ser especial?

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