Al ver que Fabio seguía callado, Andrea soltó:
—Viéndote así, está claro que no puedes regresarme a mi padre. Así que tu dinero, tampoco pienso devolvértelo.
—Vámonos.
Dicho esto, Andrea se enganchó del brazo de Mathieu, lista para marcharse.
Mathieu y Céline apenas reaccionaron… Vaya, sí que sabía abrir la boca esta muchacha. Por lo general parecía callada y reservada, pero cuando se trataba de sacar cuentas, no paraba de hablar. Si hubiera sido otra persona en su lugar, seguro que, sin importar cómo la hubiera criado la familia Espinosa, habría estado más que agradecida. Pero Andrea, con todo y su dolor, tenía la cabeza muy clara para ese tipo de cosas. No cabía duda: tenía muy presente lo que valía.
—Sí, vámonos —asintió Mathieu, y, sin pensarlo, rodeó a Andrea con el brazo y la llevó consigo.
Fabio, al ver lo cercanos que estaban Andrea y Mathieu, sintió que la rabia le explotaba en la cabeza. Cuando los dos pasaron junto a él, su reacción fue automática: estiró la mano para agarrar la de Andrea.
Pero Céline se interpuso en el acto:
—¡Eh, no estés manoseando!
—Quítate —le gruñó Fabio.
—¿Y por qué me quitaría? ¿Para que molestes a mi cuñada?
Aprovechando el momento, Mathieu ya había ayudado a Andrea a subirse al carro. En el instante en que arrancó el motor, Fabio intentó empujar a Céline para apartarla, pero ella fue más rápida.
Sin que Fabio lo viera venir, Céline le respondió y al momento ambos se enfrascaron en una pelea.
—¡Maldita sea! ¿Ahora también quieres golpearme? —se quejó Céline.
No podía creerlo. Desde niña, ni la famosa “princesa” había podido con ella, ¿y ahora iba a dejar que un tipo la golpeara?
La rabia le subió y no dudó en lanzarse sobre Fabio. Lucio, al ver la bronca, corrió para meterse también…
...
Dentro del carro, Andrea alcanzó a ver por el retrovisor cómo Céline se agarraba a golpes con Fabio y Lucio. Instintivamente, abrió la puerta para ir a ayudar.
Pero antes de que pudiera salir, Mathieu le sujetó la muñeca.
—¿Qué haces? Suéltame, tengo que ayudar —exigió Andrea.
—No vayas. Mejor quédate aquí, no vaya a ser que te lastimen por accidente —le dijo Mathieu, tranquilo.
—¡Pero son dos contra Céline!
—No va a perder —Mathieu se inclinó hacia ella y cerró la puerta de un tirón.
Sin más, arrancó y se largaron del lugar.

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