Quizás esa fue la razón por la que Céline se enamoró de él.
Pero Vanesa seguía sin entenderlo. ¿A Céline le impresionaba que fuera bueno peleando? En París había muchos hombres con esas habilidades. ¿Acaso los campeones de boxeo no parecían fuertes? ¿O los campeones de judo no eran ágiles o flexibles? Y si se trataba de su cara… en París sobraban hombres guapos. ¿Cómo pudo enamorarse de un patán de Puerto San Rafael?
Hablando de patanes de Puerto San Rafael… ahí estaba su Isa, que si no hubiera sido por su inteligencia, habría terminado engañada por ese Sebastián Bernard.
—¿Ya lo ubicas, verdad? Céline se ha esforzado tanto estos años para casarse con él que, con tal de tener una cuñada, era capaz de juntar a Mathieu con cualquier cosa que tuviera faldas.
Para Vanesa, la Céline de antes era un desastre en todo lo que hacía. Lo único coherente que había hecho en los últimos años… había sido su esfuerzo en el asunto de Mathieu.
—Y resulta que mientras ella se la pasaba recorriendo el mundo buscándole esposa, ¡Mateo usaba su dinero para casarse con otra y hasta tener un hijo! —continuó Vanesa—. ¡Qué te digo! ¿No te lo advertí? Pero esa machorra de Céline nunca me creyó, nunca me hizo caso. ¡Cada vez que le mencionaba a ese carilindo, se peleaba conmigo, hasta me pegaba!
Al recordar el comportamiento irracional de Céline en el pasado, Vanesa no podía evitar sentir lástima y frustración.
—Entonces, ¿los señores Lambert y la señora se dieron cuenta de cómo era ese tipo y usaron a Mathieu para entretener a Céline a propósito? —dedujo Yeray.
—¡Es muy probable!
Hay que admitir que la familia Lambert tenía buen ojo para juzgar a las personas. Y con ese tal Mateo, acertaron de lleno.
Pero… usar a Mathieu para retener a Céline… ¿cómo se les ocurrió algo así? ¿No temían que Mathieu se enamorara de verdad de alguna de esas mujeres?
Afortunadamente, Mathieu había sido de gran ayuda estos años. Sin importar qué mujer despampanante le presentara Céline, él no les hacía el menor caso.
En el pasado, viendo la insistencia de Céline, Vanesa casi llegó a pensar que Mathieu tenía algún problema en ese aspecto, o que simplemente no le gustaban las mujeres.
Pero ahora todo estaba bien…
—Ahora tengo que ayudarla a traer a Mateo para acá. ¡Ay, Dios mío, engañar a Céline!


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