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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1484

En ese instante, la señora Espinosa sintió que toda su vida había sido una farsa.

Incapaz de tener un hijo, había adoptado uno… Con la esperanza de criarlo como propio, de que estuvieran unidos.

—¡Nunca pensé que al final lo habría criado en vano!

—...

—Fui demasiado ingenua al pensar que si no le decía que no era mi hijo biológico, estaría de mi parte.

Incluso si se enteraba de la verdad al crecer, no sería tan cruel. Pero se había equivocado.

—¿Crees que un hijo biológico estaría de tu parte después de todas las porquerías que has hecho? —replicó Fabio.

—¿Me llamas sucia?

¡Ja! El niño que había criado la llamaba sucia… ¡Qué ironía!

Los últimos días habían sido un duro golpe para la señora Espinosa. Primero, las palabras de Lavinia. Ahora, las de Fabio. Sentía que toda su vida era una broma. Fabio, al menos, lo había criado por interés, pero a Lavinia… ¡la había criado con todo su amor! Y así le pagaba… ¡Con esas palabras tan hirientes!

Pero a pesar de todo, ¡quería salvar a Lavinia!

—¿Y Lavinia? ¿Puedes salvarla? —preguntó la señora Espinosa, con los dientes apretados.

En lo que respecta a la familia Espinosa, ya se había rendido. Una vez que las pruebas de Andrea fueran irrefutables, ella… tendría que pagar por sus actos. Así que, recuperar o no la fortuna familiar ya no era lo más importante.

¡Lo más importante ahora era que Lavinia saliera de la cárcel antes de que ella entrara! ¡Quería que Lavinia saliera!

Al mencionar a Lavinia, los ojos de Fabio se entrecerraron.

¿Es que ningún sentimiento podía con la frialdad de una persona? Aunque hubieran crecido juntos, por mucho que Lavinia lo hubiera querido…

—Sí, no trataba bien a Andrea, pero a ti siempre te trató bien. ¿De verdad que tu conciencia te deja tranquilo?

Mejor no haber mencionado a Andrea. Al oír su nombre, el rostro de Fabio se ensombreció aún más. En su mente, aparecieron las imágenes de Andrea y Mathieu saliendo de la iglesia de Sierra Ignis, y el enorme anillo en su dedo…

—Fabio, si todavía te acuerdas de lo buena que fue Lavinia contigo, ¡sálvala!

—¡No puedo!

La señora Espinosa intentó apelar a los sentimientos de Fabio, pero su negativa fue aún más rotunda.

La señora Espinosa sintió que el cielo se le caía encima. Si Fabio no la ayudaba, ¿qué sería de Lavinia? ¡Ella sola no podría sacarla de allí!

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