Entrar Via

La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1487

Al salir de la prisión.

La señora Espinosa caminaba sola y desamparada por la calle. El cielo de Irlanda estaba gélido y el aire, después de la nevada, se sentía cargado de un frío penetrante.

Sin embargo, ni el frío más extremo que calaba sus huesos podía compararse con el hielo que sentía en el fondo de su corazón.

¡Qué chiste!

Todos estos años de su vida… ¡habían sido un completo chiste!

Antes, cuando la verdad no había salido a la luz, solía pensar: «¿Y qué si no son mis hijos biológicos?».

«Los crie con esmero, ¿qué pasará cuando se enteren de todo? ¡Seguirán de mi lado, incondicionalmente!».

Pero ahora, Fabio Espinosa decía que todo lo que había hecho era repugnante.

Incluso Lavinia Espinosa, a quien había amado con todo su ser, le había dicho que su cariño nunca fue sincero…

¿Que su cariño por Lavinia no era sincero?

Por ser la hija de *ese* hombre, todos estos años la había tratado como si fuera suya.

Pero ahora…

Los dos hijos que había criado con sus propias manos, uno decía que era repugnante y la otra, que no era sincera.

Ah… ¿Repugnante? ¿Sincera?

¿Acaso no había sido buena con ellos?

Durante todos estos años, de verdad se había desvivido por ellos…

—¿Por qué? ¿Por qué? —murmuraba la señora Espinosa para sí misma.

El doble golpe de Fabio y Lavinia la había dejado completamente destrozada, como si le hubieran arrancado el alma.

Y ahora, no tenía ni la menor idea de cuál había sido el sentido de todo lo que había hecho durante tantos años.

***

Lavinia, dentro de la prisión.

Después de que la señora Espinosa se fue, se hundió de nuevo en el infierno de sus pesadillas.

Apenas entró a la celda, la empujaron al suelo…

—A ver, ¿no decías que tenías una mamá y un hermano con un dineral? ¡Pues que te saquen! ¿Por qué no vienen a rescatarte?

—Suéltenme —dijo Lavinia.

Después de ver a la señora Espinosa, Lavinia había perdido la razón, actuando como una loca desquiciada.

Sin embargo, ese pequeño intento de resistencia fue aplastado al instante con una bofetada en la cara.

—¿Morir? ¿Qué morir ni qué nada? ¡Ponte a limpiar los baños!

Antes de que Lavinia pudiera reaccionar, la arrastraron del cabello y la arrojaron dentro del baño.

Ese era el lugar de su mayor humillación.

Desde que llegó, la obligaban a limpiar esos baños. ¡Y ella no quería hacerlo!

Pero la forzaban a hacerlo, y si no quedaba impecable, eran capaces de cualquier cosa.

«¡Tengo que salir, tengo que salir de aquí!».

Frente a la inmundicia de ese lugar, en la mente de Lavinia solo había una idea fija: ¡salir!

O moría, o salía de ahí.

***

Andrea y Mathieu Lambert ya habían regresado a Irlanda.

En la villa, ella miraba las fotos de vestidos de novia y de gala que le había enviado Paulina Torres.

Le encantó un vestido negro en particular, con una combinación de negro y rosa en la parte trasera que le pareció preciosa.

Además, llevaba un enorme lazo como adorno.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera: Gambito de Diamantes