—De verdad que no —afirmó Andrea.
—Entonces, ¿amas a Mathieu?
—…
Fabio había hecho la pregunta fatal. Aunque la respuesta pudiera herirlo aún más, aun así, la formuló.
—Sí, lo amo.
—…
El corazón pareció detenerse en un instante.
Dijo que amaba a Mathieu… ¿Amar a Mathieu?
¿Cómo podía amar a Mathieu? ¿Cuánto tiempo llevaban de conocerse? ¡Y ya decía que lo amaba!
—¿Cómo es posible que lo ames? —preguntó Fabio.
Cada palabra salía con dificultad, como si se estuviera ahogando.
En ese momento, fue como si ni siquiera pudiera escuchar su propia voz.
No lo creía, simplemente no creía que Andrea amara a Mathieu. Para él, era imposible.
—Si no lo amara, ¿me habría casado con él?
—…
—Viste con tus propios ojos cómo salíamos de la iglesia de Sierra Ignis, ¿no es así?
En ese instante, fue como si a Fabio le hubieran dado un garrotazo en la cabeza.
La imagen de ellos saliendo de la iglesia de Sierra Ignis ese día le vino a la mente…
Ese día, ella dijo que se habían casado.
Ella y Mathieu llevaban anillos de boda en sus manos y tenían un certificado de matrimonio.
—¿A eso le llamas boda? ¡No había nadie! ¿De verdad crees que ese matrimonio tiene alguna bendición?
En ese momento, Fabio perdió el control.
Al final, terminó gritando.
—Hay miles de formas de casarse en este mundo, y cada quien es libre de elegir la que más le guste —respondió Andrea.
—…
—Independientemente de cómo nos hayamos casado, el hecho es que estamos casados.
«Independientemente de cómo, ¿están casados?».
Ahora que se sabía la verdad, solo pensaban que esa señora Espinosa era una completa desvergonzada.
Fabio no necesitó mirar para saber que era Lucio quien había entrado.
Dio una profunda calada al cigarrillo.
—Acaba de decir que ama a Mathieu.
—…
Al escuchar las palabras de Fabio, el corazón de Lucio dio un vuelco.
—¿Tú lo crees? —preguntó Fabio.
—¡…!
«¿Que si lo creo?».
Andrea decía que amaba a Mathieu. Si lo hubiera dicho en otro momento, probablemente nadie lo creería.
Pero ahora estaba casada con él y tenía un certificado de matrimonio válido legalmente en Irlanda.
—Debe ser verdad —respondió Lucio después de pensarlo un momento, con toda seriedad.
Y en cuanto dio esa respuesta, Fabio lo miró con una intensidad que lo atravesó.

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