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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1519

Isabel resopló.

—Ese Guillaume Levasseur no es más que un patán —dijo de malas.

La verdad es que Guillaume ya le caía fatal.

Pero justo en ese momento, Yeray Méndez asintió.

—Totalmente de acuerdo, ese tipo es un idiota.

Apenas dijo eso, Vanesa Allende lo fulminó con la mirada. Le estaba diciendo que se callara.

«Estoy tratando de calmar a mi hermana, ¿y él viene a meter más leña al fuego? Si no logro contentar a esta niña antes de que regrese nuestro hermano, ¡estamos fritos!».

Al ver la mirada de Vanesa, Yeray masculló:

—Yo no dije nada que no fuera verdad.

«¿O qué? ¿Acaso dije alguna mentira? Si ese Guillaume es un patán, y punto. ¡¿Qué clase de buena persona puede ser un tipo que, nomás al conocerme, me dice que me divorcie?! Y Vanesa todavía se enoja porque lo digo. En cuanto abro la boca, me voltea los ojos… Y ni siquiera se pone a pensar en todas las tonterías que ha hecho Guillaume».

—Ya, mejor cállate —le cortó Vanesa.

«¡Este hombre me va a volver loca!».

Después del regaño de Vanesa, Yeray se dio la vuelta, molesto. Al final, todavía indignado, se fue directo para el piso de arriba.

Cuando se quedaron solas, Vanesa siguió tratando de consolar a Isabel.

—¿Y qué fue todo lo que te dijo Guillaume?

—Dijo que Yeray no es para ti, y que tú no eres el tipo de persona que debería casarse.

—...

«¿Qué? ¿Eso dijo Guillaume? Una cosa es que diga que Yeray no es para mí, ¡pero que yo no sirvo para casarme! ¿A qué se refiere con eso? ¿Acaso quiere que me quede sola toda la vida? No puede ser…, ¿este idiota se escucha cuando habla?».

—También dijo que quería salvar tu alma libre.

—¡!

«¿Todavía lo pregunta? Si mi hermanita ya lo dijo, es obvio que ya no puedo ni saludarlo, ¿no?».

Pero aun así…

«Eso que le dijo Guillaume a Isabel, que fuera más amable la próxima vez que lo viera… ¿Por qué suena tan raro? Hay algo en esas palabras que no me cuadra para nada…».

—¿Te dijo algo más? —Vanesa sentía que la actitud de Guillaume hacia Isabel era muy, pero muy extraña.

—Me regaló un pasador de mariposa, lleno de diamantes. Cuando lo sacaron a la fuerza, se lo aventé de regreso.

Isabel bufó.

«¡Un pasador de mariposa! ¿De verdad creyó que con eso podía comprarme? Como si nunca hubiera visto algo de valor».

—¿Te dio un regalo?

—Sí.

—¿Solo a ti?

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