Mientras hablaban, se terminó el tazón de sopa.
—Vendré a traerle el almuerzo —dijo Andrea, recogiendo los platos.
Al ver a una Andrea tan considerada, los ojos de la señora Blanchet se llenaron de afecto.
—No te molestes, el trabajo también te cansa. Mi gente se encargará de todo.
Había traído a bastante personal, siempre estaba rodeada de gente.
Si podían cuidar de ella, ¿cómo no iban a poder con la comida?
Sin embargo, Andrea insistió:
—Isa me pidió que la cuidara bien, y se lo prometí.
Además, ella también sentía una familiaridad especial con la señora Blanchet y quería estar más cerca.
Hacía muchos años que no sentía esa sensación de cercanía.
Desde que su padre había fallecido, no la había vuelto a sentir.
—Está bien, pero no te canses demasiado. ¿Qué tal si vienes a comer aquí y yo hago que preparen todo? —propuso la señora Blanchet.
—Mathieu dijo que haría empanadas para el almuerzo.
La señora Blanchet se quedó en silencio.
¿Empanadas?
A Isa le encantaban.
—De acuerdo.
Al oír la respuesta de Andrea, la señora Blanchet no insistió más.
Andrea miró la hora, vio que se acercaba su cita y salió de la habitación.
Solo Hilaria quedó en el cuarto.
—Si ella es la hija de Víctor Allende, entonces es la prima de Esteban —comentó la señora Blanchet.
—Así es —confirmó Hilaria.
¡Prima!
Considerando la excelente relación que el padre de Esteban tenía con su hermano, si Andrea hubiera crecido en la familia Allende, ella y Esteban habrían sido como hermanos.
—Pobre niña, crecer en un ambiente así y aun así ser tan sensata.
—Cuanto más lucha un niño en la adversidad, más sensato se vuelve —respondió Hilaria.
Al escuchar la palabra «adversidad», una chispa de frialdad cruzó la mirada de la señora Blanchet.
¿Adversidad?
Si ella era una Allende…
—Yo no acepté nada —respondió Andrea con frialdad.
—¡Andrea!
—No me llames así, no sirve de nada. Ya te lo dije, no te debo nada. No tienes ningún derecho a exigirme nada.
Con ese «no tienes ningún derecho», marcó una clara distancia con el Fabio del otro lado de la línea.
Antes de que Fabio pudiera decir algo más, Andrea colgó.
Realmente no tenía nada más que hablar con él.
Siendo estrictos, desde que se fue de Puerto San Rafael, ya no había nada que decir.
¡Ella no huyó de la familia Espinosa!
Simplemente se desvinculó de ellos… de forma limpia, directa y sin necesidad de esconderse.
***
Al otro lado de la línea, Fabio escuchó el tono de llamada cortada y su rostro se ensombreció.
«¿Por qué sigue tratándome con esa actitud?», pensó.
«¿Será que Ander Vázquez no hizo bien su trabajo?».
***

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