Definitivamente la estaba humillando. Si no fuera para humillarla, sería imposible que hiciera una pregunta como esa.
A Skye le dio un microinfarto del coraje.
Justo en ese momento, su teléfono empezó a vibrar. Era un número desconocido de Irlanda.
Skye colgó sin pensarlo.
Si era del trabajo, no estaba de humor para atenderlo ahora.
Y si no era del trabajo, menos aún.
Sin embargo, apenas colgó, el teléfono volvió a sonar. Skye, furiosa, contestó.
—Bueno.
—Señorita Yates, buenas tardes. Los anillos ya están listos. El señor Gallagher me pidió que la llamara para que viniera a recogerlos.
—¿Los anillos?
—Sí, es un par. Anillos de boda.
El altavoz estaba lo suficientemente alto como para que Ángel lo oyera.
Y al escuchar las palabras «anillos de boda», su expresión se ensombreció de inmediato.
Cuando Skye se enteró de que Bastien había encargado unos anillos de boda, pensó: «¿A poco este se va a casar?».
En todo el tiempo que llevaba trabajando para él, no había oído nada al respecto. Nunca le había pedido que se encargara de nada relacionado con alguna mujer; ni flores, ni regalos, nada.
¿Por qué de repente tenía que recoger unos anillos de boda?
En fin, mejor no meterse en los asuntos del jefe. Solo hacer lo que le pedían.
—Este… mándame la dirección, en un rato paso a recogerlos.
Colgó el teléfono.
Skye miró a Ángel y notó que su rostro estaba increíblemente sombrío.
Justo cuando iba a decir algo más, su teléfono volvió a sonar. Era un mensaje.
La persona que la había llamado le envió la dirección para recoger los anillos.
Estaba a punto de guardar el teléfono cuando alguien más llamó.
Skye miró a Ángel, que tenía una cara de pocos amigos, y contestó de nuevo.
—Bueno.
—Señorita Yates, buenas tardes. El vestido de novia ya está diseñado y confeccionado. El señor Gallagher nos pidió que la llamáramos. ¿Prefiere venir a probárselo o lo llevamos a Grupo ER?
—Ah, no, yo…
—Si no le es posible venir, necesitaríamos agendar una cita para ir a su domicilio y que se lo pruebe.
—¡Es que no es para mí!
¡Sí quería decir algo!
Pero…
—No tengo nada que decirte.
—Así que tu supuesto futuro es…
Antes de que pudiera terminar, el teléfono de Skye sonó de nuevo.
Lo contestó, un poco molesta.
—Bueno.
¿Y ahora qué?
Una voz dulce de mujer se escuchó al otro lado.
—Señorita Yates, buenas tardes. Somos de la empresa de diseño de bodas. Ya tenemos un diseño preliminar para la recepción.
—El señor Gallagher dijo que quería que usted le diera el visto bueno. ¿Prefiere que lo llevemos a Grupo ER o viene usted a revisarlo en persona para discutir los ajustes necesarios?
Skye no supo qué decir.
En ese momento, Ángel estaba tan enojado que casi volcaba la mesa. Skye ya podía sentir la furia que emanaba de él.
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