Al pensar en eso, a Skye le entró un miedo terrible. No sonaba descabellado... Su amor verdadero huye, él la arrastra a una boda, y ni una semana después ya la está presionando para embarazarse. Todo parecía una misión ejecutada paso a paso.
Skye miró a Bastien con recelo. La comida, que tanto disfrutaba usualmente, ya no le sabía a nada.
¡Su hermana decía que Bastien era buena persona! ¿Esto parecía de buena persona?
Bastien observaba el rostro cambiante de Skye, incapaz de descifrar qué pasaba por su mente. Solo dijo:
—¿Y si el niño crece contigo?
—¿Me dejarías criarlo?
—Sí. ¿Entonces sí?
Skye sintió que se derrumbaba su teoría de conspiración.
—¿Lo dices en serio?
—¿Cuándo te he mentido?
—¡¡!!
¿Engañar a Fabio contaba? Si hablamos de engañar, a Fabio se lo bailó sabroso. Y lo peor es que Fabio realmente lo consideraba su amigo...
—Engañaste a Fabio antes.
Skye resopló. Decía que no mentía, pero lo de Fabio contaba, ¿no? Pobre hombre, hasta el final no supo ni por qué Bastien se le fue encima.
—¿Tú no lo vas a criar? —preguntó Skye.
—Lo criamos juntos. ¿Sí o no?
Siempre terminaba con el «¿sí o no?». Esta vez, la pregunta dejó a Skye pensativa. Bastien la miraba fijamente y ella se sintió... hechizada.
Ese hombre tenía un carisma peligroso; su aire gentil siempre transmitía que era un buen tipo, lo cual hacía difícil resistirse a acercarse. Pregunta seria: si un hombre guapo, exitoso y millonario te pide un hijo, y encima ya tienen acta de matrimonio, ¿lo tienes o no?
—¿Sí? —Skye vaciló.
El hombre había eliminado todas sus preocupaciones. ¿Qué más podía temer? ¡Pues claro que sí!
Al escucharla, la sonrisa en los ojos de Bastien se intensificó.

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