—¿Entonces quieres dejarlo en París para que lo sigan golpeando?
Si le daban otra paliza, tal vez no sobreviviría. Irse ahora era lo más seguro.
—¡Voy a hacerlo de inmediato!
Esto no era broma. La actitud de Céline dejaba claro que quería golpear a cualquiera de la familia Orozco que viera. Y ni hablar de Mateo, que la había ofendido…
Eliot tramitó el alta rápidamente y subieron a Mateo al avión privado para llevarlo de regreso.
En el avión.
Mateo despertó.
Estaba aturdido, pero al ver a Ángel, su rostro se oscureció.
—¿Por qué estás tú aquí? ¿Dónde estoy?
—En el avión de regreso a Puerto San Rafael.
—¡No voy a volver!
Al escuchar que regresaba, Mateo estalló en cólera, con una agitación que parecía revivirlo de golpe.
Ángel ensombreció el rostro.
—¿Qué?
—¡Voy a matar a esa bruja!
Se escuchó una sonora cachetada.
Apenas Mateo soltó el insulto, Ángel le cruzó la cara de un bofetón.
El golpe silenció todo el ambiente.
A los presentes se les subió el corazón a la garganta, especialmente a Eliot.
Sintió una opresión en el pecho y le recordó a Ángel en voz baja:
—Acaba de salir de terapia intensiva.
Ya estaba bastante malherido. Le preocupaba que ese golpe pudiera causarle un daño grave.
Mateo también se quedó atónito. Miró a Ángel con incredulidad.
—¿Me pegaste? ¿Por qué tú…?
Otra cachetada resonó en el aire.

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