Dan sentía que la cabeza le iba a estallar de coraje, palpitándole las sienes:
—¡Te digo que no me acosté contigo…!
—¿Y si no fuiste tú, entonces quién fue?
Esta vez, antes de que Dan pudiera terminar, Vanesa lo interrumpió sin piedad.
Lo miró con furia contenida:
—Después de cómo me trataste, solo tomé unas cosas del Lago Negro, ni que te hubiera quitado la vida; mejor agradece que te fue leve.
—¿O sea que todavía tengo que darte las gracias porque me perdonaste la vida? —reviró Dan, con un tono sarcástico.
Vanesa soltó, seca:
—No hace falta que me agradezcas.
Ese “No hace falta” provocó que a Dan se le escapara una risa amarga, casi burlona. Qué fácil lo decía ella ahora.
Vanesa no tenía intenciones de seguir discutiendo. Se aferró al brazo de Yeray y se dispuso a irse:
—Vámonos.
Yeray le lanzó una mirada significativa a Dan.
En ese momento, a Dan se le marcaban las venas en la frente, y más cuando Vanesa pasó justo a su lado.
No se contuvo y le sujetó la muñeca con fuerza:
—¿Me vas a decir si planeas seguir robando?
Vanesa guardó silencio, titubeando.
La verdad, al pensar en “seguir robando”, sintió un ligero remordimiento.
Si lo quería poner en palabras, tal como Dan decía, después de tantos pleitos, ya estaban casi a mano.
Pero ahora las cosas habían cambiado…
Ya no era un asunto entre ellos nada más, sino que ahora involucraba temas de bandos y alianzas.
Después de todo, ella estaba del lado de Carlos y de su hermano, sin discusión.
Y más considerando que su hermano le había contado: Carlos ya había postergado, por culpa de su antigua relación con Dan, el ajuste de cuentas con los del Lago Negro.
Así que, esta vez, ella tenía que estar del lado de Carlos, sí o sí…
Yeray intervino:
—Suéltala.
Al ver que Dan no soltaba a Vanesa, Yeray le lanzó una mirada asesina, una advertencia directa.
Dan apretó todavía más la muñeca de Vanesa:
Sin mirar atrás, Vanesa se colgó de Yeray y se alejó.
La verdad, Vanesa no tenía idea de qué clase de problemas traían Carlos y el Lago Negro.
Solo sabía que, desde que Carlos se juntó con Esteban, ambos hicieron un pacto en secreto.
La condición era que, en cuanto Carlos decidiera irse contra el Lago Negro, Esteban lo respaldaría.
Durante todos esos años, Carlos se había frenado solo por su relación con Dan.
Ese ya era el mayor favor que Carlos le podía haber hecho a Vanesa...
Por eso, ahora, sin importar lo que ocurriera, ella tenía que estar al lado de Carlos.
...
Al subir al carro, Vanesa fue directa con Yeray:
—Necesito que pongas a más gente. No podemos dejar que el Lago Negro respire ni tantito.
Yeray la miró, levantando una ceja.
Obviamente, no esperaba que, después de ver a Dan, ella saliera tan decidida.
Hasta él había notado que, mientras estuvo frente a Dan, Vanesa titubeó un poco.
En ese instante, Yeray le tomó la barbilla con sus dedos largos, giró su rostro hacia él y sus miradas se encontraron…

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