—¿Entonces qué se supone que debemos hacer? —Yenón Nolan estaba tan molesta que su voz temblaba—. Por lo que acabas de decir, ¡parece que ya aceptaste que papá la traiga de vuelta!
—Si traerla de regreso puede salvar a Lago Negro de este desastre… tampoco lo veo imposible —contestó Delphine, con una calma inquietante.
—¡Mamáaa! —Yenón casi brincó de coraje.
Durante años se habían negado a aceptar que Dan viviera en Colina del Eclipse, y costó trabajo correrla. Ahora, si Paulina regresaba...
—¡Esta es nuestra casa! ¡De nosotros nada más! —Yenón apretó los puños, la rabia asomándose en cada palabra—. No puedo aceptar que una extraña viva aquí.
Y peor aún, esa extraña era la hija ilegítima de papá...
Cristian sentía la cara arderle. Cuando le curaron la herida en la enfermería, vio que era profunda. Dan, ese desgraciado…
El solo hecho de imaginar que Paulina podía regresar a Colina del Eclipse hacía que el pecho se le apretara de rabia.
—Yo tampoco estoy de acuerdo con que regrese —dejó claro Cristian, endureciendo la voz.
Delphine los miró a ambos:
—Ahora no importa si ustedes están de acuerdo o no. Si ella quiere regresar, puede hacerlo.
Porque si Paulina aceptaba volver a Colina del Eclipse, era señal de que la calamidad de Lago Negro pronto llegaría a su fin.
Cristian y Yenón se quedaron mudos.
...
Se miraron, y en sus ojos chispeaba la furia. Ninguno de los dos podía aceptar que Paulina regresara. ¡No había manera!
La verdad, Delphine tampoco lo aceptaba en el fondo...
Pero en ese momento, suspiró y les dijo:
—Quiero que entiendan algo: Paulina podría ser la clave para que Lago Negro salga de este lío.
Aunque le costara admitirlo, desde el principio el desastre de Lago Negro había empezado por la reputación de Paulina.
Cristian y Yenón callaron, pero seguían con el enojo atragantado.
Delphine se volvió hacia Cristian:
—Y además, tienes que encontrar a Alicia, esa desgraciada, lo antes posible.
Alicia…
Carlos había usado el nombre de Paulina como pretexto para atacar a Lago Negro, y hasta Vanesa y Yeray estaban metidos en eso. ¿Por qué Paulina estaba de su lado? Todo era por Alicia.
Mientras tanto, Patrick había logrado ubicar el lugar donde Paulina y Carlos estaban alojados.
Julien y Eric lo detuvieron en la entrada. Al mirar el reloj, notaron que ya era la una de la mañana.
Julien frunció el ceño:
—Señor Ward, mejor regrese a casa. Todos están descansando a esta hora.
—¡Tengo algo urgente que hablar con mi hija! —Patrick apretó los dientes al decir “mi hija”.
Como papá, sentía que tenía derecho a verla, nadie debería impedírselo.
Pero para Julien y Eric, eso no tenía peso.
—Señor Ward, aunque quisiera ver a su madre, tampoco lo dejaríamos entrar —le contestó Julien, sin aflojar el paso.
¡Y menos a su hija!
¿Quién busca a su hija a esta hora de la madrugada?
Y para acabarla...

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