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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 980

Al final, sí terminó encontrándose con Shawn.

—¿Y cómo que viniste solo? —preguntó Dan mientras se servía una copa enorme de tequila y se la echaba de un trago.

Shawn y Tim siempre andaban juntos. Además, los dos solían tener montones de proyectos en común. Era normal verlos entrar y salir juntos de cualquier lado, y si se trataba de algo grande, seguro aparecían los dos como si fueran inseparables.

Así que, al ver que esta vez Shawn había llegado solo hasta Littassili, Dan no pudo evitar extrañarse. No necesitaba ni preguntar para saber que venía a hablar de algún negocio importante, pero que Tim no estuviera ahí lo tenía intrigado.

—Ni me digas —contestó Shawn, sacudiendo la cabeza—. La última vez fue él quien salió peor parado, apenas acaba de salir del hospital.

Al escuchar eso, una sombra de culpa cruzó fugazmente por los ojos de Dan. La vez anterior todo se había salido de control. Vanesa había irrumpido de golpe con toda su gente, y ellos ni tiempo tuvieron de reaccionar. Aquellos amigos suyos, que solo estaban ahí para echar la partida, terminaron recibiendo una paliza sin deberla ni temerla.

Shawn se quedó mirando las marcas en el rostro de Dan y soltó:

—¿Te agarró la princesa Vanesa?

Dan se quedó mudo. Su cara se puso tan tensa que casi parecía que echaba humo. ¡Esa mujer...!

Shawn chasqueó la lengua y soltó una risita burlona.

—Esa princesa Vanesa tiene un carácter que ya es leyenda. ¿A quién se le ocurre meterse con ella? Pudiendo buscar bronca con cualquiera, ¿tenías que ir a buscar pelea justo con la bruja mayor?

En París, todo el mundo conocía la fama de la princesa Vanesa. Para la mayoría, no era más que una bruja vestida de reina: mejor no cruzársela nunca.

El gesto de Dan se endureció todavía más. Shawn, al ver lo furioso que estaba, intentó cambiar de tema.

—Oye, pero, en serio, ¿sí fue cierto que no te la llevaste a la cama?

—¡Te juro que no! —Dan apretó el puño, casi rompiendo el vaso—. Esa noche estuve con ustedes jugando cartas, ¡toda la noche! ¡Hasta el amanecer!

Shawn asintió varias veces, pero no pudo resistirse a picarlo un poco más.

—Bueno, bueno, ¿pero en otro momento sí te la llevaste o no?

Al ver lo alterado que estaba Dan, Shawn por fin creyó que decía la verdad.

—Pues sí que te tocó bailar con la más fea, hermano. Qué mala suerte.

...

—Pero, ¿por qué la princesa Vanesa se niega a creer que fue Yeray? ¿Acaso piensa que Yeray no se atrevería?

A decir verdad, Shawn también pensaba que Yeray no tendría el valor de meterse con Vanesa.

En París todo el mundo lo dice: “Solo un suicida se animaría a desafiar a la princesa Vanesa”. Y no solo ella, la mujer de la familia Lambert también era temida por todos.

Cualquier hombre con dos dedos de frente evitaba a esas dos mujeres a toda costa. Por eso Vanesa y Céline sabían perfectamente que en París ningún hombre se atrevería a buscarles problemas.

Así que Vanesa estaba convencida: lo que pasó aquella noche no pudo haber sido obra de Yeray...

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