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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 991

—¿Dices que fue Sebastián quien te llamó?

—¡Sí! Cuando me contó esto, hasta sentí que traía algún plan oculto.

...

—En fin, cuídate mucho, ¿sí? Porque esto... ¡se siente todo tan desordenado!

—Esta ciudad, París, siempre ha sido un caos —aventó Isabel.

—...

Al escuchar eso, Paulina sintió que algo se le atoraba en el pecho.

De repente recordó que, cuando Isabel vivía en Puerto San Rafael, cada vez que hablaba de París lo hacía suspirando, negando con la cabeza.

Isabel podía ser dura con la familia Galindo, y hasta indiferente con Sebastián.

Pero cuando se trataba de París... sólo mostraba resignación.

Como si ese desorden ya hubiera echado raíces, y arrancarlo de raíz fuera casi imposible.

—Ahora yo también siento que mi vida es un desastre —soltó Paulina.

Pensó en ella misma.

A diferencia de Isabel, la vida de Paulina en Puerto San Rafael siempre había sido tranquila, sin sobresaltos.

Pero ahora, todo era un torbellino: apenas intentaba entender una cosa, y al instante otra nueva llegaba para complicarlo todo.

—No te preocupes, Carlos está contigo —le aseguró Isabel.

—Mi mamá me acaba de llamar. Me dijo que Patrick no es mi papá.

—...

—¿Qué?

—Sí, así como lo oyes —dijo Paulina—. No sonó a que estuviera enojada ni nada, más bien parecía que quería que supiera la verdad: mi papá no es Patrick.

Isabel, al otro lado del teléfono, parpadeó sorprendida.

—¿Y entonces quién es tu papá?

—Le pregunté, pero no quiso decirme. Colgó de inmediato.

...

—¡Ay, qué relajo! —Paulina suspiró, agotada.

—Bueno, si pudo llamarte, entonces quiere decir que la señora está bien, ¿no? —aclaró Isabel.

—Ella está perfectamente. Hasta se puso a hablar de esa gente con toda la energía del mundo. La que estaba en problemas no era ella, seguro.

—¿Y cómo me voy a meter? ¡Ni siquiera podría aunque quisiera!

—...

—Además, Carlos y los demás han sido bien rudos, y también mi amigui y el señor Méndez...

Últimamente, lo que habían hecho contra Lago Negro era impresionante.

Paulina sólo de verlo, sentía que Lago Negro había sido despedazado por ellos.

Definitivamente, no tenerlo como papá era lo mejor. Así no tenía ni pizca de culpa.

—Ese Patrick ni siquiera quiere reconocerme como hija, pero al mismo tiempo está convencido de que lo soy.

—¿Entonces va a estar buscándote todo el tiempo? —preguntó Isabel.

—¡Exacto! Quiere usarme para salir de los problemas de Lago Negro. Pero, ¿quién soy yo para él?

—Eh... tampoco te menosprecies así.

Para Carlos, ella sí era alguien importante.

—No me malinterpretes, lo que digo es que, comparado con todo lo que mi amigui y el señor Méndez le han quitado, Patrick de veras cree que, con sólo usarme, va a poder recuperar todo.

—¡Eso jamás va a pasar! —remató Isabel.

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