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La Heredera Salió del Infierno romance Capítulo 382

—Director Valdés… lo siento, no quise interrumpir su conversación. Fue mi culpa, lamento haberlo molestado. Por favor, no se enoje conmigo, ya me voy.

Tania levantó la cabeza, con las lágrimas a punto de caer.

—Interrumpirlos fue mi error… por favor, no se desquite con mi hermano por mi culpa…

Al ver esto, José se interpuso inmediatamente para protegerla, con un tono hostil.

—Director Valdés, ¡ya basta!

—¡Métase conmigo si quiere, pero Tania es mi hermana y usted no es quién para juzgarla!

—Hablaré con mi padre sobre la inversión que le prometí. ¡Hasta entonces, le exijo un poco más de respeto!

El Director Valdés observó cómo José estaba completamente cegado por Tania y se quedó sin palabras.

Sacudió la cabeza, sin ganas de seguir discutiendo con él, y se dio la vuelta para marcharse.

Justo antes de salir, se giró para mirar a Tania y le soltó con frialdad:

—Señorita Sandoval, no sea tan arrogante de pensar que todos son tontos menos usted. Sus jueguitos, aparte de José, los vemos todos. Ande con cuidado.

¡Pum!

La puerta se cerró con fuerza.

Las lágrimas de Tania se detuvieron al instante. En un ángulo donde José no podía verla, su mirada se volvió gélida mientras observaba la espalda del Director Valdés.

¿Quién se creía que era ese tipo?

¿Cómo se atrevía a tratarla así?

¿Sería que Leonor estaba detrás de esto?

Tania se giró hacia José, recuperando su expresión de víctima.

—José, ¿será que el Director Valdés tiene algún malentendido conmigo? ¿O quizás fue Leonor…?

Solo mencionar a Leonor fue como un resorte para José, quien le gritó a Tania:

Al recibir el consuelo de José, Tania dejó de poner cara de ofendida y asintió dócilmente.

Después, José se desmaquilló y regresó a su camerino personal.

Se sentó en el sofá, con el rostro todavía sombrío, tamborileando los dedos con nerviosismo sobre el reposabrazos.

Aunque acababa de consolar a Tania, al pensar en todo el lío que tenía que resolver tras la retirada del Grupo Fuentes, no pudo evitar sentirse irritado.

Tania se quedó a un lado, observando su expresión en silencio, calculando qué decir para mejorar su humor.

Después de que Julián y Jaime la rechazaran, Tania había aprendido la lección: no podía permitir que José la viera como una fuente de problemas.

Después de todo, en la familia Sandoval, él era el único en quien podía confiar.

No podía permitirse dejarle una mala impresión por lo de hoy.

Tania se acercó suavemente a José, le puso una mano en la frente y comenzó a masajearle mientras le decía con voz suave:

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