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La Heredera Salió del Infierno romance Capítulo 510

Desde que quedó encinta, a Tania no solo le estaba vetado asistir a un hospital como cualquier mujer en su estado, sino que ni siquiera había podido probar un solo suplemento vitamínico o de hierro, básicos para los primeros meses del embarazo.

En el trayecto de regreso a casa.

Tania observaba por la ventanilla cómo el paisaje urbano pasaba a toda velocidad antes de romper el silencio.

—Julián... muchas gracias.

Julián sabía perfectamente a qué se refería.

Manteniendo una mano relajada sobre el volante, le respondió con frialdad.

—No tienes nada que agradecer, hice lo que cualquier hermano haría.

Al fin y al cabo, el que ella estuviera esperando un hijo de la familia Ramos era la mejor noticia que los Sandoval podían recibir en años.

Aunque se hubieran gritado y sacado los trapos sucios el día anterior, a Julián no le dejaba de importar la hermana que había visto crecer. Con un embarazo en juego, no iba a ser tan despiadado como para dejarla a su suerte.

A pesar de las cortantes palabras de su hermano, Tania no estaba dispuesta a dejar pasar esta oportunidad de oro para recuperar un poco de su favor.

—No digas eso, Julián. Tú no tenías ninguna obligación de ayudarme.

—Sé que en el pasado cometí demasiados errores y arrastré a nuestra familia conmigo...

Con esta crisis, a Tania le había quedado clarísimo que, si alguien podía salvarla en esta casa, ese era Julián.

Su hermano Jaime, el doctor obsesivo, vivía encerrado en sus laboratorios y, con suerte, aparecía por la casa tres veces al año; intentar depender de él era como esperar lluvia en el desierto.

Por otro lado, José, el benjamín de la familia, siempre había sido el mimado y berrinchudo que no sabía resolver un solo problema por su cuenta. Ahora que su carrera estaba en las ruinas, apenas podía salvarse a sí mismo.

Contar con él era un chiste de mal gusto. En este momento, si José no la arrastraba en sus escándalos buscando dinero o consuelo, ya era un milagro.

En cambio, Julián, educado desde niño para ser el pilar y heredero de los Sandoval, era una máquina fría pero eficiente. Su capacidad para manejar las crisis no tenía punto de comparación con la de sus otros hermanos.

Como fuera, este duro golpe le había abierto los ojos a Tania.

Mientras ella mantuviera el apellido Sandoval y su embarazo fuera una pieza clave para la supervivencia del clan, Julián jamás le daría la espalda.

Con esa tranquilidad renovada, el pánico de sentirse desterrada desapareció de un plumazo.

Tania lo miró fijamente y le habló desde el corazón: —Julián.

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