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LA LOBA DE LAS CICATRICES Y SU ALFA OBSESIVO romance Capítulo 5

En medio de aquel beso de fuego, la lengua de Asherad recorrió con lentitud los labios de Sigrid. En su boca había un dulzor embriagador, un sabor único que volvía inútil cualquier intento de resistencia por parte del Alfa. Quedarse anclado a esos labios era una tentación irresistible, pero él sabía que no debía detenerse ahí. Había un territorio infinito por descubrir en ella, una promesa de placer y deseo que reclamaba ser explorada sin reservas.

Asherad jamás se había detenido a descubrir el cuerpo de África. Nunca le había importado. Sin embargo, aquella vez fue distinto: en cuanto el aroma de su mate se filtró en sus sentidos, su lobo perdió toda cordura.

Sus labios comenzaron a descender lentamente por el cuello de la loba, marcando la piel con besos ardientes, demorándose en las clavículas como si reclamara cada centímetro. El deseo lo empujaba, lo dominaba.

Con la otra gemela jamás existió ese ritual. No hacía falta despojarla de todo, ni explorarla. Bastaba alzar el camisón, separar sus piernas y penetrarla sin más y rápido, hasta terminar de una vez. Aquello no era pasión: era un acto obligado.

Sin embargo, en el momento actual no vaciló en librar a Sigrid de la ropa que le estorbaba. La impaciencia le ganó, por lo que con un acto brusco rasgó la prenda por la mitad, como si nada pudiera interponerse entre él y ella. Sigrid dejó escapar un gemido ahogado de sorpresa y estremecimiento, pero guardó silencio, aceptando el impacto de aquel arrebato sin apartarse.

Asherad se acomodó entre sus senos, dejando besos lentos y marcados a lo largo de la línea que separaba sus pechos. Sus manos los tomaron con firmeza, presionando la piel con hambre, arrancándole a Sigrid jadeos cada vez más intensos. La lengua inquieta del Alfa no tardó en insistir, deslizándose hasta el pezón derecho, donde se entregó a lamerlo y succionarlo con dedicación, sin intención alguna de detenerse.

La zona íntima de la hembra empezó a expulsar un líquido vizcoso, a humedecerse sin poder evitarlo. Intentó cerrar las piernas por puro instinto, pero la presencia de Asherad entre ellas se lo impedía, así que terminó oprimiéndolas contra su cuerpo. El Alfa no necesitó más explicación: conocía bien esos gestos, sabía que eran la prueba de que ella lo estaba sintiendo. Y lejos de contenerse, aquel reconocimiento solo intensificó su propio placer.

Se desplazó del lado derecho al izquierdo, embriagándose con el sabor dulce de sus pezones. Su lengua recorrió la piel con insistencia, alternando caricias húmedas con mordiscos suaves que rodeaban y atrapaban el pezón ya endurecido por el deseo.

De pronto, la respiración de Sigrid se volvió irregular, su cuerpo se arqueó en un espasmo incontrolable y un estremecimiento la sacudió por completo, dejándole las piernas temblorosas. Había alcanzado el clímax.

Sigrid se llevó las manos a la boca. No podía creer ni entender lo que acababa de sentir. Fue una sensación explosiva, pero muy placentera, lo cual la dejó con el corazón acelerado.

Asherad se quedó sorprendido. Tenía vasta experiencia con lobas, pero aquellas eran experimentadas. En cambio Sigrid —que en su mente era África— parecía no tener ese tipo de experiencia, por lo que tendía a tener el cuerpo y la piel mucho más sensible. Claro, pensó el Alfa, que África había sido reservada para él, y que era lógico que no tuviera práctica.

De repente, en medio de esa oscuridad, las comisuras de los labios de Asherad se extendieron.

—¿Tuviste un orgasmo? —preguntó con voz seductora—. Cuánto atrevimiento, si apenas estamos entrando en calor...

El Alfa descendió, dejando todavía más besos y mordidas en el vientre de Sigrid. Ella estaba empezando a sudar, y su corazón no reducía sus latidos. No podía cerrar la boca y respirar con normalidad, sino que inhalaba y exhalaba a través de ella.

Finalmente Asherad llegó a la zona interna de sus muslos. Sabía que su intimidad estaría sensible por el reciente clímax, así que se dedicó a besar los alrededores por largos minutos. Lamía, succionaba, mordía con ligereza el interior de los muslos, en lo que Sigrid no dejaba de arquearse. La sensación era demasiado placentera, pero no sabía que el mayor placer lo sentiría después, cuando Asherad dedujo que ya había pasado tiempo suficiente y que la loba estaba lista para recibir su lengua en su sexo.

El Alfa empezó a besar la zona íntima de la hembra con movimientos delicados y precisos, a lo que Sigrid no pudo evitar soltar varios gemidos guturales. No dejaba de arquearse, de moverse, de jadear desesperadamente al no saber qué hacer con tanto placer. No estaba para nada asustada, al contrario, abría más las piernas para sentir el tacto de los labios de Asherad, los cuales estaban empeñados en complacerla.

Tras usar sus labios, el Alfa pasó a usar su lengua. La lengua que subía y bajaba, y la cual no se enfocaba solo en el centro sino también en los alrededores. El líquido vizcoso no dejaba de derramarse, el cual era un elixir para Asherad. Tenía un sabor tan dulce que le aumentaba la sed y quería beber más y más de ella. Era el efecto de mate, ese sabor y el olor que provenía de ella y que solo lo hechizaba más y más, al que no podía resistirse y quería lamer, succionar, absorberlo por completo.

C5: NO HE TERMINADO CONTIGO. 1

C5: NO HE TERMINADO CONTIGO. 2

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