Entrar Via

LA LOBA DE LAS CICATRICES Y SU ALFA OBSESIVO romance Capítulo 7

Justo en ese momento, el sonido de unos golpes contra la puerta quebró la quietud de la habitación. África frunció el ceño de inmediato, sorprendida, pues no estaba acostumbrada a recibir visitas tan temprano; a esa hora, nadie acudía a sus aposentos a menos que ella misma hubiese solicitado el desayuno.

No dijo nada en voz alta, pero murmuró para sí, casi sin mover los labios, con una inquietud creciente.

—¿Quién será…?

La respuesta llegó antes de que pudiera ordenar sus pensamientos. Del otro lado de la puerta se alzó una voz masculina, potente y grave, inconfundible en su autoridad.

—África —dijo—. Soy Asherad. Necesito hablar contigo.

El sobresalto fue instantáneo. África se irguió de un salto, como si un resorte la hubiese impulsado fuera del sillón. El pulso se le aceleró al recordar, con una claridad alarmante, que Sigrid se encontraba allí dentro.

Sigrid también lo comprendió al instante: ambas se tensaron, alertas, presas del nerviosismo. Asherad jamás había visto a Sigrid de frente; desconocía por completo que aquella joven existiera, que viviera relegada en un rincón de su propia mansión. África sabía que no podía permitir, bajo ningún concepto, que él lo descubriera.

Con un susurro urgente, se giró hacia Sigrid.

—¡Sigrid, debes esconderte! —ordenó.

Los ojos de Sigrid se abrieron, desbordados de ansiedad.

—¿Dónde, mi Luna? —preguntó, casi sin aliento—. ¿Dónde me escondo?

África señaló con rapidez el único lugar posible.

—¡Debajo de la cama! No te muevas, no hagas ningún ruido. Quiero un silencio absoluto, sepulcral. Ni siquiera respires. ¡El Alfa no debe enterarse de que estás aquí! ¡Vamos, rápido! ¡Entra ya!

No hubo tiempo para más palabras. Sigrid se agachó con torpeza y se dejó caer al suelo, apoyó las manos en las baldosas frías y, conteniendo el aliento, se deslizó bajo la cama, acomodándose como pudo en el espacio estrecho y oscuro.

África se irguió con rapidez, obligándose a recomponer la postura mientras intentaba regular la respiración. Inspiró profundamente una, dos veces, como si aquello pudiera aquietar el temblor que le recorría el cuerpo.

Desde el otro lado de la puerta, la voz de Asherad volvió a resonar con una impaciencia que erizaba la piel.

C7: ¿A QUÉ DEBO SU VISITA? 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA LOBA DE LAS CICATRICES Y SU ALFA OBSESIVO