Ryker
—Basta —le gruñí a Danny. Llevaba un rato molestándome, tratando de levantarme el ánimo. Ese idiota no paraba de brincar como cachorro con azúcar encima.
Uno de nuestros guerreros había visto a Claude con un pequeño grupo de rebeldes, demasiado lejos de su casa y de cualquier construcción con la que tuviera que ver como para que fuera casualidad, así que de inmediato reuní al equipo para ir a buscarlo. Atrapamos a uno, pero fue demasiado fácil. Estaba tratando de tendernos una trampa o de hacernos perder el tiempo en una persecución sin sentido.
¿Qué intentaba lograr alejándonos de la casa de la manada? Solo podía pensar en Kennedy. Él sabía lo fuerte que era yo solo, pero ahora que tenía a mi compañera, seríamos imparables. Ya podía sentir cómo mi fuerza y mis sentidos se intensificaban. No sabía que podía ser así de potente.
Podía ver las huellas en el suelo, lo cual no hacía más que hacerme pensar en mi compañera. ¿Así era como se sentía ella cuando rastreaba? Mi oído y mi olfato también se habían agudizado. Antes tenía que concentrarme para bloquear los sonidos. Ahora necesitaba volver a entrenar, porque estaba casi seguro de haber escuchado a una ardilla eructar.
—Jefe, ¿cuál es el plan? Puedo ver que no dejas de pensar —dijo Josh, interponiéndose entre Danny y yo para evitar que le volviera a dar un coscorrón. El tipo seguía bailoteando al ritmo de una canción que nadie más escuchaba y no paraba de chocar conmigo a propósito. Sabía perfectamente lo que intentaba hacer, pero en ese momento no tenía ganas de lidiar con eso.
—No estoy seguro. No huelo a nadie más en los alrededores. Llevan unos treinta minutos fuera. Lo que no entiendo es cómo logran escapar cuando los estamos cercando. Sin duda son Claude y Rick. Los otros olores no los reconozco, pero dos son guerreros y el último es un omega.
—Eso no tiene sentido. ¿Siempre estuvo planeando sacrificar al omega si los atrapaban? —Danny dejó el estúpido bailoteo y por fin se puso serio.
—Probablemente —respondió Josh sin inmutarse—. Nunca le importó su manada, por eso a ninguno le molestó que un chico de dieciséis años tomara el mando. En ese momento, cualquier cosa era mejor que Claude. Sin ofender, Jefe.

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