Elara
Tenía todo el cuerpo como de goma. No sabía cómo combatir a esa bruja si no lograba acercarme lo suficiente. Al menos Juliette estaba allí conmigo. Cuando apareció, sentí tanto alivio que estuve a punto de llorar. Pero, por supuesto, Eliza tenía otros planes, y la pequeña bruja y yo llevábamos demasiado tiempo jugando a esquivar maldiciones.
La tierra me había ayudado. Hacía brotar raíces y lanzaba terrones para desviar algunos hechizos, pero hasta la Fisura debía de estar cansándose. No entendía cómo Eliza podía seguir adelante. Quizá atacar resultaba menos agotador que defenderse. Copyright ©️ 2025 Miss L Writes and Ember Mantel Productions.
Un destello azul me arrancó de mis pensamientos.
—¡Quiero la llave! ¡Entrégala, loba! —Percibí el sabor de su frustración.
—Sigues repitiendo eso, pero sigo sin tener ni puta idea de qué hablas. —Tal vez bajara el ritmo si yo seguía repitiendo lo mismo.
Sentí el suelo retumbar bajo mis pies cuando una luz rosa estalló desde la tierra. Una ráfaga de viento me expulsó de mi escondite antes de que la luz pudiera tocarme.
—Gracias —le susurré a Juliette. Aún mantenía las manos extendidas, con las palmas hacia mí—. ¿Cómo aprendiste todo esto? —susurré. Debería haber estado pendiente de Eliza, pero hasta entonces no había intentado matarme. Quería esa supuesta llave, así que me convenía obtener algo de información—. Tú también eres una bruja del caos, ¿verdad? ¿Quién te enseñó?
Juliette se apoyó contra una enorme raíz que se había arqueado para protegernos y respiró con dificultad.
—Mi padre empezó a enseñarme. La magia del caos es complicada... ¡Uf! —Se tambaleó hacia delante cuando nos cayó encima una lluvia de terrones—. Verás, se alimenta de las emociones.
—¡No me digas! —la interrumpí con sarcasmo. Luego respiré y me recordé que no pretendía ser condescendiente—. Perdón, continúa.
—Esa es la cuestión —dijo con una sonrisa, ya sin rastro de vergüenza ni timidez—. Tenemos acceso a todos los tipos de magia, pero, como las emociones la afectan, las brujas del caos empiezan a entrenar más tarde que las demás. Muchas veces, la magia se reprime durante la adolescencia para que nadie resulte herido por accidente durante un descontrol hormonal. —Alzó una ceja—. Mi padre decía que era el precio de tener tanto poder. Recibimos nuestro don más tarde y debemos entrenar durante más tiempo para dominarlo.
—Y yo que creía que los lobos adolescentes, hormonales y temperamentales, eran difíciles —bromeé—. Entonces, ¿qué hacemos? No logra alcanzarnos con sus hechizos, pero tampoco baja el ritmo.
Una gota de agua me cayó en el rostro y alcé la mirada. Luego cayó otra y otra, y observé una nube sobre nosotras. Entonces llegaron el escozor y el ardor; cada gota me clavaba diminutas agujas en la piel. Solté un siseo al escuchar gritar a Juliette. Ella también lo sentía.
—¡QUIERO ESA LLAVE! —gritó Eliza—. Dame la Fisura y acabaré con todo esto —negoció por enésima vez.

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