Ryker
El amanecer del inicio del verano interrumpió mi sueño, pero el cosquilleo que me producía el contacto con Kennedy me impedía moverme. Estaba en el paraíso, justo ahí, exactamente así. La atraje hacia mí y escuché su risita.
—¿De qué te ríes, Corderito?
—Tenemos que ir al entrenamiento, calenturiento.
—Pueden esperar unos minutos —dije, rodando para quedar sobre ella y hundiendo el rostro en la curva de su cuello, lo que le arrancó otra risita—. Sabes que no serán unos minutos. Y tienes que dar el ejemplo.
—Llevo toda la vida dando el ejemplo. Que se aguanten —respondí, y le arranqué un gemido delicioso al mover las caderas.
—Bueno, si lo pones así... A lo mejor podemos divertirnos un poco en la ducha. Quiero decir, si crees que puedes sin romperla otra vez.
—¿Es eso un desafío, compañera?
—¿Está funcionando?
Soltó un chillido cuando salté de la cama llevándola conmigo. Me deshice rápidamente de la camiseta mientras la cargaba hacia dentro. Abrí el grifo para que se calentara el agua y le presioné la espalda contra los azulejos fríos, capturándole los labios en un beso voraz. Su cuerpo se arqueó contra el mío para alejarse del frío mientras intentaba regañarme a través del beso. Me tragué sus quejas hasta que volvió a gemir entre mis brazos.

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