Ryker
El amanecer del inicio del verano interrumpió mi sueño, pero el cosquilleo que me producía el contacto con Kennedy me impedía moverme. Estaba en el paraíso, justo ahí, exactamente así. La atraje hacia mí y escuché su risita.
—¿De qué te ríes, Corderito?
—Tenemos que ir al entrenamiento, calenturiento.
—Pueden esperar unos minutos —dije, rodando para quedar sobre ella y hundiendo el rostro en la curva de su cuello, lo que le arrancó otra risita—. Sabes que no serán unos minutos. Y tienes que dar el ejemplo.
—Llevo toda la vida dando el ejemplo. Que se aguanten —respondí, y le arranqué un gemido delicioso al mover las caderas.
—Bueno, si lo pones así... A lo mejor podemos divertirnos un poco en la ducha. Quiero decir, si crees que puedes sin romperla otra vez.
—¿Es eso un desafío, compañera?
—¿Está funcionando?
Soltó un chillido cuando salté de la cama llevándola conmigo. Me deshice rápidamente de la camiseta mientras la cargaba hacia dentro. Abrí el grifo para que se calentara el agua y le presioné la espalda contra los azulejos fríos, capturándole los labios en un beso voraz. Su cuerpo se arqueó contra el mío para alejarse del frío mientras intentaba regañarme a través del beso. Me tragué sus quejas hasta que volvió a gemir entre mis brazos.
El entrenamiento pasó volando y yo no solté ni una gota de sudor mientras el resto de mi equipo quedaba empapado y respirando con dificultad. Se recuperarían pronto, pero en ese momento me pregunté si sería el vínculo de compañeros haciéndose sentir. Si me sentía así de bien después de dos horas de entrenamiento, no podía imaginar cómo sería mi resistencia cuando por fin marcara a Kennedy.
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Sin embargo, ni siquiera tuve la oportunidad de discutirlo con ella. Mi madre intervino para llevarla de vuelta a la planificación y luego reunirla con algunos miembros de la manada del lado este de nuestro territorio. Se me olvidaba que ella ni siquiera había visto toda la manada todavía. Había que solucionarlo cuanto antes.
Mi padre se reunió con Josh y conmigo para revisar los libros que le habíamos tomado a Claude. Dejaría que Kennedy hiciera con ellos lo que quisiera, pero había algo que Claude buscaba con desesperación el día anterior, y estaba decidido a descubrir qué era.
Tenía a dos de mis guerreros más sigilosos vigilando cada uno de sus movimientos. Claude iba a cometer un error, y solo esperaba que haberle quitado su investigación lo hubiera descarrilado lo suficiente como para que lo cometiera más temprano que tarde.

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