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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 25

—Peleaste muy bien hoy. Parece que disfrutas de los entrenamientos largos y extenuantes. Si alguna vez quieres un uno contra uno, yo soy tu hombre —Danny avanzó a mi lado, metiéndose entre Gamma Bennet y yo, y no pude evitar reír. Me encantaba el coqueteo y las bromas. Me encantaba que no me trataran diferente por ser humana.

—Muy bien, ya, lárgate —Greta empujó a Danny—. El juguete nuevo y brillante necesita ir a limpiarse, porque de todo lo que hablan ambos, ella fue la que pasó más tiempo sudada y enredada conmigo.

Les guiñó un ojo ante sus caras de sorpresa y me pasó un brazo por los hombros, llevándome de vuelta a la camioneta mientras nos reíamos.

—¡Espera! ¡Puedo trabajar con eso! —gritó Danny a nuestras espaldas, y yo me eché a reír aún más fuerte.

Gamma Bennet y Greta me acompañaron a mi habitación cuando regresamos a la casa de la manada, como si no pudiera encontrarla sola. No sabía si era un tema de protección o qué, pero no tuve tiempo de pensarlo porque apenas abrí la puerta, me atacaron.

—¡Por fin! ¡Pensé que nunca te irías! Eres tan ruda como dijo Jeremiah. ¡Vamos! Métete a la ducha, tenemos que dejarte fabulosa para esta noche. A ver si te encontramos un compañero —Rayna hablaba sin respirar, creía. Solo puse los ojos en blanco; ya me había mencionado varias veces lo de conseguirme un compañero desde que decidió que no estaba intentando quitarle al suyo.

—¿Sabes cuál es la probabilidad de que una humana tenga a un hombre lobo de compañero? Es como un dos por ciento, y seguro que esa humana es una de esas fisicoculturistas que podrían desayunarse a hombres lobo —me reí—. Soy promedio para una humana, pero un poco pequeña para estándares de hombres lobo; no soy la compañera de nadie. Me iré a la universidad, me graduaré, trabajaré como una humana normal y vendré a visitar a mis amigos sobrenaturales.

Le sonreí de oreja a oreja.

—Sobre todo cuando tenga una habitación como esta esperándome y un montón de sobrinitos que consentir —moví mi mano dramáticamente.

Había aprendido que los hombres lobo no tenían absolutamente nada de pudor por eso de transformarse, así que hice lo que pude para seguirles el ritmo. Rayna había irrumpido en mi habitación sin problema alguno, así que una puerta de baño no la detendría.

No respondió, pero mejor no me arriesgué a que quisiera revisarme, así que me aseguré de tener todas mis partes femeninas en orden.

Cuando salí, me llevó al escritorio, donde tenía montado un mini salón de belleza para el cabello y el maquillaje. Parecía estar completamente lista, excepto porque aún llevaba la bata. No sabía si emocionarme o asustarme.

Me entregó un frasco de loción y me puse manos a la obra. Olía increíble: definitivamente femenino, pero nada floral ni abrumador.

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