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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 485

Ben

Eliza se apartó de él.

—¡No! —gritó. Luego se volvió hacia su madre y se dejó caer sobre su cuerpo inmóvil. Su llanto se volvió más histérico y el resplandor se intensificó. Cuando volvió a mirar a Silas, sus ojos eran llamas doradas.

—¿¡Qué!? —gritó—. ¡Tenía a una bajo su techo! Te mantuvo oculta. ¡TÚ eres una abominación, niña! —La señaló.

Entonces comenzó a usar su magia de fuego y le lanzó una ráfaga tras otra. No sabía si aprovechaba como fuente el incendio lejano o si llevaba algo oculto capaz de proporcionarle las llamas, pero estaba usando magia de ataque... ¡contra una niña!

No lo soporté más. Reaccioné por instinto y me interpuse ante las llamas. Antes de que algo pudiera alcanzarme, la oscuridad volvió a engullirme. Una sensación de calma me invadió. Tal vez esa vez sí estaba muerto. Copyright ©️ 2025 Miss L Writes and Ember Mantel Productions.

—¡Eso es! ¡Así! —exclamó una voz emocionada que interrumpió mi calma. Era demasiado grave para distinguir si pertenecía a un hombre o a una mujer—. Ya casi lo logras. ¡Sí!

—Eh...

Dondequiera que estuviera, no quería ni necesitaba escuchar aquello. ¿Cómo carajos podía salir de esa maldita oscuridad? Creo que movía los brazos. Al menos, eso parecía. Estaba de pie sobre una superficie dura; lo único era que no podía ver.

Cuando decidí arrodillarme y empezar a avanzar a tientas, una llamarada me cegó y me hizo caer sentado.

—¿Qué carajos...?

—¡Sí, sí! ¡Lo lograste! Y sin ninguna fuente —me elogió la voz ronca, maravillada, mientras parpadeaba para enfocar la vista.

—¡Sí! ¡Estoy ansiosa por ver qué más puede hacer esa magia! —añadió una voz chillona y entusiasta. Sin duda era una mujer. Poco a poco distinguí siluetas alrededor del enorme fuego: dos figuras más altas estaban de pie, una a cada lado de otra más pequeña.

Cuando logré enfocar la vista, vi la cara de la niña, y aquello me aterrorizó más que cualquier otra cosa que me hubieran mostrado hasta entonces. Estaba fascinada por lo que acababa de hacer y por todo lo demás que podría lograr. El hombre de la voz ronca tenía una mirada depredadora. Ella era una herramienta de la que pensaba sacar provecho. Y creía saber dónde me encontraba en ese momento.

—¿Qué se supone que debo hacer con esta información? —le pregunté a la Fisura. Cuanto más tiempo pasaba allí, dondequiera que estuviera, más claro quedaba que era la única explicación para aquella situación. Solo recibí como respuesta una presión en el hombro.

—¿Quién va a enseñarme? Mamá se fue y no pude encontrar a Sissy. —Escuché el llanto en su voz mientras miraba fijamente el fuego.

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