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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 101

El ambiente en la oficina era muy tenso.

Josefina siempre había sido solitaria y de carácter bastante frío. Sus compañeros nunca habían intimado con ella y pensaron que en esta ocasión podrían pisotearla para ayudar a Magdalena a desahogarse, pero jamás imaginaron que sería alguien de armas tomar.

Esa mirada tan feroz bastaba para infundir miedo en cualquiera.

Ahora, nadie se atrevía a acercarse a ella.

Josefina, por su parte, disfrutaba de la tranquilidad. Se dedicó de lleno a sus asuntos y se concentró en hacer bien su trabajo.

Sin embargo, al atardecer, Jimena le marcó al celular.

—¿Bueno? ¿Qué pasó? —contestó Josefina con un tono bastante cortante.

—Jose, ven a cenar a la casa hoy, ¿sí? —la voz de Jimena sonaba muy dulce.

—No voy a ir, estoy ocupada —la rechazó Josefina de inmediato.

—Jose, tu mamá te extraña —se escuchó Jimena un poco triste—. Llevo días sin verte, ándale, ven un ratito.

La voz de su madre era suave, pero su tono llevaba un matiz de súplica.

—Está bien, voy en la noche —Josefina no soportó escucharla así y terminó cediendo.

—¡Qué bueno! Voy a prepararte tu comida favorita. Vete con cuidado en el camino, ¿eh? —se alegró Jimena de inmediato.

—Sí, ya sé.

Josefina colgó la llamada y no pudo evitar soltar un suspiro pesado.

Recogió sus cosas, checó su salida y se fue manejando hacia la casa de la familia León.

Cuando llegó a la entrada, el cielo ya estaba oscureciendo. En el horizonte aún se asomaba un ligero atardecer con tenues destellos dorados.

Josefina le dio un vistazo rápido, se bajó del coche y entró a la casa.

—¡Magda no dijo nada! —Andrés la miró con decepción—. Nosotros te conocemos, sabemos que si las dos trabajan juntas, seguramente vas a buscar cómo molestarla. Josefina, ¿no puedes ser un poco más tolerante? ¿No puedes ser una buena persona, un poco más noble?

Josefina sintió un cansancio mental abrumador.

—Mamá, la próxima vez que me marques, ya no voy a venir —miró a Jimena con una expresión indescifrable.

—No es eso, Jose —Jimena se acercó apresurada, con el rostro lleno de angustia—. Tu papá y yo solo queremos saber cómo están. Después de todo, ustedes son familia, ¿por qué tendrían que odiarse tanto? ¿Por qué no pueden llevar la fiesta en paz?

Josefina sintió que le caía un balde de agua fría encima.

Uno se hacía el policía bueno y el otro el policía malo; la estaban tratando como si fuera una estúpida.

Qué fastidio.

Era una completa estupidez.

—¿Saben qué? Hagamos esto: mejor desconózcanme —finalmente habló Josefina—. A partir de hoy quédense solo con Magdalena Salinas como su única hija, así ya no tendrán que preocuparse de que yo la esté molestando todo el tiempo.

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