Al escuchar eso, Manuel levantó la cabeza de golpe y miró fijamente a Eduardo. ¡Apretó los puños a los costados con toda su fuerza!
Apretó los dientes, su respiración se volvió pesada y, tras luchar consigo mismo por un buen rato, dijo:
—Señor, ¿qué es lo que quiere que haga?
Eduardo lo miró divertido.
—¿Tanto te importa esa mujer?
—Sí.
—¿Acaso no es solo una amiga?
Manuel bajó la mirada.
—Ella me ve como su amigo, pero yo no quiero ser solo eso.
Sus intenciones eran muy claras.
Eduardo lo observó con asombro por un momento y luego dijo:
—Está bien, no la buscaré. Tampoco es como si tuviera algo de qué hablar con ella. Hablemos tú y yo. Ven, siéntate.
...
De regreso a casa, Josefina no dejaba de darle vueltas a las palabras de Manuel.
Sonaban tan extrañas, casi como si le advirtiera que, en el futuro, se vería obligado a hacer algo en su contra.
¿Por qué le diría algo así?
¿Acaso ya había descubierto algo?
Josefina no lograba comprenderlo, así que decidió llamar a Benjamín.
Tras tres tonos de espera, él contestó.
—¿Hola? —La voz profunda y suave del hombre sonó al otro lado, transmitiéndole una calma que la reconfortó de inmediato.
Sentada en su auto y mirando el cielo oscuro, le contó todo lo que Manuel había dicho.
Y luego preguntó:
—¿Qué crees que quiso decir?
—No lo dudes, tu intuición no falla —la voz de Benjamín se volvió fría—. Él tampoco es alguien común. Lo había estado ocultando muy bien hasta ahora, pero lo que te dijo esta noche... es prácticamente confesar frente a ti.
Al escuchar su análisis, ella apretó el celular con fuerza y preguntó:

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