Las venas en las sienes de Vicente Gutiérrez palpitaban con fuerza; su rostro se había oscurecido hasta niveles extremos.
Levantó la mirada hacia Benjamín y preguntó:
—¿Acaso tu madre está enterada de esto?
Pero Benjamín respondió con total naturalidad:
—Ella jamás pondría en duda mis decisiones.
Hizo una pausa y su tono adquirió un matiz burlón.
—¿Apenas ahora te acuerdas de mi madre? ¿En serio crees que sigue tan enamorada de ti que se negaría a firmar estos papeles?
Vicente Gutiérrez contraatacó:
—Llevamos décadas casados, estas son cosas que deberíamos discutir a solas.
La expresión de Benjamín se volvió gélida.
—¿De verdad te atreves a ponerme condiciones a estas alturas? Veo que a final de cuentas, la vida de esa mujercita no te importa tanto.
Vicente Gutiérrez apretó y soltó los puños repetidas veces, en una intensa lucha interna, hasta que finalmente dejó escapar un largo suspiro. Tomó el bolígrafo y firmó los papeles del divorcio.
—Por cierto, tus gorilas asustaron muchísimo a mi esposa anoche, así que le debes una buena indemnización. Pero como no soy rencoroso y somos familia, no pediré mucho: solo dos mil millones. Tienes tres días para transferirlos —soltó Benjamín con una sonrisa ladina—. Y no creo que sea necesario darte su número de cuenta, ¿verdad? Después de todo, ya le hiciste un depósito antes.
—¡Tú...!
Al escucharlo, el rostro de Vicente Gutiérrez se desfiguró por la rabia; sus ojos parecían lanzar chispas.
—¡Te estás pasando de la raya!
Pero Benjamín le contestó impasible:
—Estoy siendo demasiado piadoso. Si realmente quisiera hundirte, te habría vaciado las cuentas por completo.
Vicente Gutiérrez se dio cuenta de su absoluta impotencia.
A pesar de que el hijo que tenía frente a él estaba ciego, él seguía sin poder ganarle.
Benjamín conocía todos sus secretos, sabía exactamente cómo acorralarlo. Él, por otro lado, ya estaba viejo y sin fuerzas para seguir peleando.
La culpa y el remordimiento lo devoraron una vez más. ¿Por qué no fue Benjamín quien murió en aquel vuelo?
Si tan solo su querido Diego siguiera con vida...
Vicente Gutiérrez firmó y aceptó todas las exigencias de Benjamín.
Benjamín advirtió:

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