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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1072

—Más te vale —dijo Benjamín con un tono frío.

Vicente no se quedó más tiempo en la casa de los Gutiérrez; se dio la vuelta y se fue de inmediato.

Teresa miró a Benjamín con una expresión cargada de emociones encontradas, y tras dudar un momento, le preguntó:

—Benjamín, ¿no hay nada más que quieras decir?

—¿Qué esperas que diga? —preguntó él, genuinamente confundido.

—Ay...

Teresa dejó escapar un largo suspiro y dijo:

—Jamás imaginé que él sería capaz de hacer algo así. Tengo que pedirte perdón.

Lo miró llena de arrepentimiento.

—Ya había investigado lo que él hizo, pero estuve dudando todo este tiempo. No sabía cómo manejarlo. Por un lado, son padre e hijo, y por el otro, no dejaba de pensar en toda la indiferencia y el dolor que te hizo pasar durante tantos años.

—Benjamín, perdóname por favor.

Se disculpó de una manera sumamente sincera y llena de culpa; su propia indecisión también había lastimado a Benjamín.

Al escucharla hablar así, la expresión de Benjamín se congeló por un segundo, y las dudas en su interior se intensificaron un poco más.

—Ya estoy acostumbrado a eso —respondió.

—Pero esa no es excusa para lastimarte de esa forma —Teresa frunció el ceño, alterándose un poco, mientras su rostro se cubría de una profunda tristeza—. Por su egoísmo, él causó la muerte de tu hermano Diego.

La respiración de Benjamín se cortó de golpe. Aunque su rostro no delató ninguna emoción, preguntó:

—Y en todos estos años, ¿nunca se arrepintió de eso?

—Me dijo que estaba muy arrepentido —respondió Teresa con un suspiro—. Me dijo que estos últimos cuatro años ha estado viviendo en un infierno, que sentía resentimiento de que no fueras tú quien abordara ese avión, y que se odiaba a sí mismo por haber hecho algo así.

Así que... ¿así eran las cosas?

A través de esa sencilla conversación, Benjamín por fin descubrió lo que no encajaba.

El accidente de avión de hace cuatro años no había sido un accidente.

Benjamín bajó levemente la mirada, sintiendo cómo una tristeza infinita y desoladora inundaba su pecho.

—Benjamín, entiendo perfectamente que no quieras perdonarlo. A partir de ahora, yo tampoco volveré a verlo —le dijo Teresa mirándolo—. Tiene que pagar por lo que hizo.

—Si ese fuera su único castigo, no sería suficiente —susurró Benjamín.

—¿Qué dijiste?

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