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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1103

Se detuvo en el centro de la habitación, sintiendo como si ella lo estuviera abrazando. Cerró los ojos e inhaló profundamente con una avidez casi desesperada, intentando retener un poco más de su presencia.

Pero todo era inútil.

No podía retenerla.

Desde el momento en que obtuvo los papeles del divorcio, la había perdido para siempre.

Un dolor desgarrador le atravesó el pecho, haciendo que el corazón le latiera desbocado. Benjamín se encorvó ligeramente por la agonía, llevándose la mano al pecho mientras jadeaba en busca de aire.

Como un pez a punto de asfixiarse.

Se arrastró lentamente hasta el borde de su cama y se desplomó sobre ella. El edredón conservaba un rastro aún más intenso de su olor; lo abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en él mientras respiraba profundamente.

Las lágrimas pronto empaparon la tela, pero en la habitación no se escuchó ningún otro sonido.

...

Josefina estaba de pie en la calle, con la maleta junto a las piernas, mirando al frente con expresión perdida.

De repente, había perdido el rumbo; no sabía a dónde ir.

Aunque, a decir verdad, hacía tiempo que Residencial Valle Niebla había dejado de ser su hogar.

En ese momento, el celular sonó, sacándola de su estupor. Lo sacó para revisar.

Era un mensaje de la señora de la limpieza del departamento nuevo, avisándole que ya había terminado de arreglar todo.

Desde que compró ese lugar, le pedía a la empleada que fuera a limpiar cada tres días, porque no estaba segura de cuándo se mudaría.

Nunca imaginó que tendría que ocuparlo tan pronto.

Guardó el teléfono y pidió un auto para dirigirse a su nueva casa.

Un amplio departamento de doscientos metros cuadrados, decorado de forma cálida y sencilla, justo como a ella le gustaba.

Se sentó en la sala, pero no sintió ese alivio en el pecho que te da el llegar a casa. Abrazó sus rodillas y se quedó en esa posición durante mucho tiempo.

Hasta que anocheció por completo y la habitación se sumió en la penumbra.

El tono de llamada del celular sobresaltó a Josefina.

Lo tomó y vio que era Almudena quien llamaba.

—Hola, Almudena.

—Jose, ¿no estás en Residencial Valle Niebla? Escuché a Lori decir que te mudaste —se escuchó la voz ligeramente preocupada de Almudena.

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