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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1108

El personal médico estuvo trabajando un buen rato hasta que el estado de Andrés por fin se estabilizó.

Antes de irse, el doctor no pudo evitar darle una advertencia:

—El paciente está muy débil y no debe alterarse. Le recomiendo que evite causarle emociones fuertes, eso no le ayudará en nada a su recuperación.

—De acuerdo.

Josefina asintió con serenidad.

El personal médico salió y la habitación volvió a sumirse en el silencio.

Josefina se paró junto a la cama, lo miró desde arriba y dijo con tono impasible:

—Recupérate tranquilo y, a menos que sea algo de vida o muerte, no me busques.

Dicho eso, dio media vuelta para marcharse.

—Jose...

La débil voz de Andrés volvió a escucharse a sus espaldas.

—Papá sabe que se equivocó... de verdad sé que me equivoqué...

Estaba sumido en el dolor, y las lágrimas se le escurrían por las comisuras de los ojos. No le quitaba la vista de encima a la espalda de Josefina; daría lo que fuera por escucharla llamarlo "papá" con esa vocecita tierna que tenía de niña, viéndola hacer berrinches cariñosos.

Sin siquiera voltear, Josefina le respondió:

—Ya te lo dije, no voy a perdonarte.

¿Acaso por pedir perdón alguien está obligado a aceptar las disculpas?

Entonces, ¿cómo se pagaba todo el daño y las humillaciones que ella había sufrido en el pasado?

El tiempo no se podía regresar, el daño ya estaba hecho. Haber llegado hasta aquí ya era mucho más de lo que la decencia le exigía.

Abrió la puerta y salió. Se detuvo en el enorme patio de la clínica, sintiendo el aire puro de la montaña, y cerró los ojos por un instante; la presión asfixiante que sentía en el pecho pareció aliviarse un poco.

Condujo de regreso, a una velocidad más lenta de lo normal. Hacía buen clima, pero casi no había autos en la carretera.

En ese momento, le sonó el celular. Contestó, y la voz seria de Felipe resonó del otro lado:

—Josefina, ten cuidado, te están siguiendo. Hay varios autos detrás de ti manteniendo la distancia, y también hay algunos adelante. Todos traen placas falsas, lo más seguro es que van por ti...

Al escuchar eso, el corazón de Josefina dio un vuelco. Apretó el volante con fuerza y preguntó:

—¿Cuántos son, más o menos?

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