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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 157

Rodrigo ya estaba harto de lidiar con las faltas de Magdalena. Si Josefina le salía con lo mismo, ¡mejor cerraba el estudio y ya!

Además, valoraba demasiado el talento de Josefina como para dejarla ir en pleno proyecto.

Josefina se quedó muda por un instante y se frotó la nariz.

—Tampoco hay que exagerar tanto, jefe...

—¡Si te tomas los días libres, claro que es para exagerar! —le replicó él, totalmente en serio.

—Bueno, ya, está bien. No voy a faltar, voy para allá —terminó cediendo ella.

Solo le quedaba esperar a terminar ese proyecto para poder ocuparse de su investigación.

Al escucharla acceder, Rodrigo por fin se calmó y su tono se suavizó.

—Vale, te veo en un rato. Cuidado en el camino.

Josefina colgó, miró a Silvia y se encogió de hombros.

—Pues ya no pude ir. Tendrá que ser después.

Silvia ahogó un bostezo.

—Pues córrele al trabajo. Yo me voy a dormir otro ratito.

—Nos vemos.

Josefina fue a lavarse los dientes y a arreglarse. Sin embargo, al abrir la puerta principal para irse, se topó de frente con un hombre.

Era Benjamín. Tenía un semblante terrible, y sus ojos oscuros, cargados de una furia gélida, la observaban fijamente.

Josefina dio un salto del susto. Frunció el ceño y le reclamó:

—¿Cómo supiste que estaba aquí? ¿Y todavía tienes el descaro de decir que no me mandas espiar?

—¿Y qué si te sigo? —escupió Benjamín con voz grave—. Comparado con la gracia que me hiciste, esto no es nada.

La expresión de Josefina se volvió de hielo.

—¿Qué pasa? ¿No quedaste satisfecho?

—¡Josefina!

Estaba a punto de estallar de rabia. Pronunció su nombre entre dientes, la agarró bruscamente por la muñeca y jaló de ella hasta dejarla pegada a él.

—¡Me mandas una mujer a mi cama y encima tienes el cinismo de preguntarme si me gustó?! ¡Soy tu esposo! ¡Estás casada conmigo! ¿Cómo te atreves a hacerme esto? —A Benjamín le latía el corazón a mil por hora, a punto de estallarle el pecho.

Estaba indignado, dolido y sin dar crédito a lo sucedido.

Pero lo que más lo enfureció en ese momento fue ver la tranquilidad absoluta en la mirada de ella.

¡¿Cómo se atrevía a organizarle encuentros con otras mujeres?!

Ella siempre había sido muy celosa. Incluso sabiendo que él y Magdalena no tenían nada, con solo verlos juntos cerca armaba corajes enormes.

Y ahora, de pronto, resultaba que...

Benjamín se obligó a dejar de pensar.

Si escarbaba más en esa verdad, solo encontraría el hecho descarnado de que ella ya no lo amaba.

Y, por supuesto, él jamás iba a aceptar algo así.

—¡Oye! —gritó de pronto la voz de Silvia desde el pasillo—. ¡Benjamín! ¡Esta es mi casa, no es lugar para que vengas a hacer tus panchos! ¡Suelta a mi Jose ahora mismo!

Silvia lo estaba apuntando amenazadoramente con un bate de béisbol de aluminio.

El ruido la había despertado de golpe, ¡pero jamás se imaginó toparse con semejante escena en su propia sala!

En el pasado, se habría encerrado en su cuarto disimuladamente para no interrumpirlos.

¡Pero la situación había cambiado! ¡Benjamín la había engañado y se había convertido en un grandísimo desgraciado!

¡De ninguna manera iba a dejar que le pusiera un dedo encima a su mejor amiga!

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