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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 199

—Jose, ¿ya despertaste?

La voz de Jimena sonó con demasiada precaución desde afuera.

La cara de Benjamín se ensombreció por completo. Se levantó, caminó hacia la entrada y, al abrir la puerta, se encontró con Jimena ahí parada.

Ella retrocedió un par de pasos por puro instinto y preguntó:

—Benjamín, ¿Jose ya está despierta?

—A ti qué se te perdió por aquí —le soltó Benjamín con un trato gélido.

—Vine a visitarla, quiero saber si se encuentra bien —explicó Jimena.

—Ella está en perfectas condiciones, pero no tiene ninguna intención de verte. Haz el favor de no volver por aquí —le exigió Benjamín con voz firme.

—¡Pero cómo me pides eso! —los ojos de Jimena se enrojecieron—. Jose salió muy lastimada, necesito ver con mis propios ojos cómo sigue.

Benjamín entornó la puerta de la habitación, mostrando una clara molestia en el rostro.

—¿A qué hora piensa venir el señor León a pedirle perdón?

Al escuchar esto, Jimena se sobresaltó.

—¿Pedirle perdón por qué?

—¡Ja!

Benjamín soltó una carcajada irónica.

—¿Te entró por un oído y te salió por el otro, verdad?

Jimena se puso muy nerviosa, pero reaccionó al instante y soltó una excusa precipitada:

—Benjamín, Andrés se cegó del puro coraje, te juro que su intención no era pegarle a Jose. Es su papá; no se acostumbra que los padres anden pidiéndoles disculpas a sus hijos. Aparte, esta vez, Jose fue la que se equivocó.

Benjamín la encaró con dureza:

—Me dices que ella se equivocó... ¿tú la viste con tus propios ojos aventando a Magdalena?

Jimena se quedó paralizada un instante antes de argumentar:

—Pero es que Magdalena tampoco se haría daño sola nomás por meter en problemas a Jose.

—Pudo ser un resbalón, pero te garantizo que Jose no tuvo nada que ver —Benjamín creía ciegamente en Josefina.

Magdalena, con los ojos irritados de llorar, le contestó:

—Pero es que no quiero que ustedes paguen los platos rotos por mi culpa. Después de todo, Benjamín y Jose llevan muchos años juntos.

—Claro que no —la consoló Jimena de inmediato—. Benjamín no se atreverá a hacernos nada.

En el fondo, seguían aferrados a una tonta esperanza.

Lamentablemente, al día siguiente se les borró la sonrisa de la cara.

Andrés llegó al corporativo y, en cuestión de minutos, empezó a recibir llamadas de sus directivos, una tras otra. Una infinidad de contratos entre el Grupo León y el Grupo Gutiérrez habían sido cancelados. Los proveedores principales del Grupo León también cortaron lazos, prefiriendo incluso pagar las penalizaciones por rescisión.

De la noche a la mañana, el valor de las acciones del Grupo León se desplomó drásticamente y la empresa quedó sumergida en una severa crisis.

Ante esto, se convocó una junta urgente de la mesa directiva; los socios no entendían absolutamente nada.

—Siempre hemos llevado una excelente relación comercial con el Grupo Gutiérrez, ¿cómo es posible que nos manden al diablo de un día para otro?

—Exacto, ¿alguien tiene idea de qué demonios pasó?

—Oye, Andrés, ¿ya le marcaste a tu yerno para averiguar? ¿En qué la regamos? Que nos diga para corregirlo. Si se rompen los tratos así nada más, el agujero financiero va a estar terrible.

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