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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 208

Apretó la mano en un puño y forcejeó con fuerza, dejando clarísima su intención de zafarse.

La respiración de Benjamín se volvió un poco más pesada. La clavó la mirada y dijo:

—Pero se te vería muy bien.

—Te acabo de decir que ya no me gusta, ¿no entiendes?

—No, no entiendo.

Con un tirón, Benjamín la jaló hacia él. Su mirada se volvió intensa y gélida.

—Alguna vez me dijiste que amabas esta marca. Dijiste que cada que sacaran algo nuevo, te lo pondrías. Lo he tenido presente todo este tiempo.

Igual que siempre había recordado cuando ella le decía que lo amaba.

Nunca olvidaba sus palabras.

Y ahora ella salía con que ya no le gustaba.

¿Cómo podía dejar de gustarle algo de un día para otro?

No pensaba permitirlo.

El ambiente dentro del coche se volvió tenso. Esa mirada fija le producía cierta presión, pero ya no la incomodaba tanto como antes.

De pronto, él estiró la mano y presionó un botón para subir la ventanilla divisoria.

El espacio en el asiento trasero se sintió más reducido.

Benjamín calmó un poco su respiración y continuó:

—Jose, la gente no puede cambiar tan rápido.

Josefina sintió un repentino nudo en la garganta y apretó los dedos con fuerza.

—Esa frase te queda mejor a ti. Tú fuiste el primero en cambiar.

—Yo no he cambiado.

Benjamín habló con voz grave:

—Te he explicado un montón de veces que no me interesa nadie más.

Josefina tomó aire, cerró los ojos por un segundo y soltó:

—Si Magdalena y yo estuviéramos secuestradas y solo pudieras salvar a una, ¿a quién elegirías?

—No existen esos supuestos —evadió Benjamín—. No estarás en peligro.

—Ya ves, ni siquiera quieres echarme una mentira piadosa para engañarme —dijo Josefina, mirándolo con sarcasmo—. Ya sé que algo así no va a pasar, y tampoco dejaría que me atraparan en una trampa de esas. Pero quería escucharte decir de tu propia boca que me elegirías a mí, en lugar de darme una respuesta a medias. Eso no es lo que necesito.

Benjamín la miró fijamente.

—Está bien, te lo diré. Te elegiría a ti.

Ya había oscurecido por completo.

Josefina lo siguió hasta un área reservada del restaurante, y de inmediato vio a Andrés y Jimena.

Frunció ligeramente el ceño y se dio la media vuelta para irse.

Benjamín la detuvo del brazo y le dijo:

—Vinieron a pedirte perdón, no te vayas.

Josefina se sorprendió. ¿Había escuchado bien?

¿Andrés pidiéndole perdón?

Aún así, tenía curiosidad de escuchar cómo pensaba disculparse.

Hacer que un hombre tan altanero, machista y orgulloso diera su brazo a torcer no era nada fácil.

Josefina se volvió, jaló una silla y tomó asiento.

Jimena se acercó y le preguntó con tono dulce:

—Jose, ¿cómo sigues de tus heridas?

—Ahí voy —respondió Josefina con frialdad.

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