Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 250

A Josefina se le heló la sangre de la decepción.

Jimena trataba a la anciana con desprecio y lejanía, pero cuando se trataba de Magdalena, era capaz de tragarse su orgullo y montar un teatro.

¿Por qué le daba tanta importancia a Magdalena?

Josefina respiró hondo antes de soltar:

—Pues no estoy de acuerdo. Yo recuperé esos aretes para mi abuela y de ninguna manera voy a dejar que te los regale.

Jimena frunció el ceño molesta.

—Tú ya te andas metiendo donde no te llaman, ¿no crees?

Josefina se giró hacia la anciana y le dijo:

—¡Abuela, no se los des! ¡Ella ni siquiera los quiere para sí misma, se los va a terminar regalando a Magdalena!

—¡Josefina!

Jimena intentó callarla enojada, pero no pudo evitarlo.

Rápidamente miró a la anciana, pero con una mirada esquiva y culpable.

La abuela observó la pelea entre madre e hija, y un ligero rastro de tristeza asomó en sus ojos. De inmediato se dirigió a Josefina:

—Jose, vámonos.

—Sale.

Josefina por fin pudo respirar aliviada.

Menos mal que su abuela no cedió para entregarle los aretes a Jimena.

Agarró a su abuela del brazo y juntas comenzaron a caminar hacia la salida.

Apretando los dientes de puro coraje, Jimena dio unos pasos detrás de ellas, exclamando:

—Mamá, es que esos aretes nunca te pertenecieron a ti...

—¡Ya párele!

Josefina volteó la cabeza y la fulminó con la mirada.

Su abuela ya estaba bastante mayor, ¿a poco no entendía qué cosas se podían decir y cuáles no?

Con tal de beneficiar a Magdalena y a la familia de esta, ¡estaba dispuesta a llevarse a quien fuera entre las patas!

La anciana cerró los ojos y apretó los labios, intentando contener sus emociones.

Pero Jimena se adelantó:

—Josefina, estoy hablando con mi madre y tú te la pasas interrumpiéndome. ¡Parece que no tienes nada de modales!

—Ja... —Josefina soltó una carcajada burlona al instante—. Tú me criaste, así que si me faltan modales, ¿de quién es la culpa?

—¡Tú!

Jimena se puso verde del puro coraje.

Josefina la miraba sin dar crédito a sus palabras.

—¡Ya cierra la boca de una vez!

Ignorándola por completo, Jimena clavó la mirada en la anciana y prosiguió:

—Esos aretes nunca fueron tu regalo de compromiso... ¡Fueron para la señora Reyes!

—¡Cállate!

Josefina soltó un grito desesperado con los ojos llenos de furia:

—¡Deja de decir estupideces! ¡Los aretes son de mi abuela y punto!

El cuerpo de la anciana se tambaleó y palideció al instante. Fijó su mirada en Jimena y un profundo dolor cruzó por sus ojos.

Pero Jimena volvió a insistir sin piedad:

—Mamá, es que esas cosas nunca te pertenecieron, deberías devolvérselas a la señora Reyes.

—Abuela, ya vámonos, ella perdió la cabeza. No le hagas caso a sus locuras —decía Josefina. Estaba sumamente alterada, muy preocupada de cómo esto afectara la salud de su abuela.

Sin embargo, la anciana se le quedó viendo fijamente a Jimena y le preguntó:

—Esa señora Reyes que mencionas... ¿quién es?

—Abuela, por favor, ya no preguntes nada —suplicó Josefina, a quien se le partía el corazón de verla así.

Jimena soltó un largo suspiro. Después de decirlo, parecía haberse quitado un enorme peso de encima.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte