Andrés no insistió en absoluto.
—Vayan con cuidado —se limitó a decir.
Se quedó parado en la sala; ni siquiera tuvo el detalle de acompañarlas a la puerta.
Josefina abandonó la casa de la familia León junto con su abuela.
Ya en el carro, la señora Suárez miraba por la ventana en completo silencio. A Josefina le pareció que las arrugas en el rostro de la anciana se habían vuelto más pronunciadas.
Sentía mucha tristeza y dolor por ella.
—Abuela...
—Jose, estos asuntos no tienen nada que ver contigo —dijo la señora Suárez con voz suave—. No le des vueltas y no te metas en problemas.
Josefina apretó el volante y vaciló un instante antes de soltar:
—Ella quería las joyas para dárselas a Magdalena, su hija adoptiva.
La abuela volteó a verla.
—¿Esa muchacha todavía vive con los León?
—Sí. —Josefina asintió.
La señora Suárez soltó un ligero suspiro.
—Fue un fracaso como hija, y también lo es como madre.
Las abuelas siempre sabían cómo dar en el clavo con sus observaciones.
Josefina prefirió no decir nada más.
La llevó a un restaurante, y aunque la anciana casi no tenía apetito, Josefina logró convencerla de comer un poco.
Luego, regresaron a la Residencial Las Jacarandas a descansar.
Josefina cerró bien la puerta del cuarto de visitas y se fue al estudio.
Ese día había faltado a la oficina y Rodrigo ya le había mandado varios mensajes quejándose de su ausencia.
Así que se puso a trabajar desde la casa; grabó un par de proyectos de doblaje y se los envió.
Para cuando terminó, ya habían pasado unas tres horas.
Caminó hasta el cuarto de visitas y tocó la puerta.
—¿Abuela?
—Dime —se escuchó desde adentro.
Josefina abrió y entró. La anciana estaba sentada en la orilla de la cama, contemplando fijamente los aretes de zafiro que tenía en las manos.
Su nieta se acercó y se sentó junto a ella.
—¿En qué piensas?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte