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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 255

—Abuela, de verdad, yo tengo mis ahorros —le aseguró Josefina—. Conserva tu dinero para lo que necesites.

—Una vez que te divorcies, los gastos te van a caer por todos lados. Mientras más colchón tengas, menos tendrás que humillarte. Y punto final, no acepto un no por respuesta —sentenció la anciana fingiendo estar enojada—. Si no lo agarras, capaz que algo me pasa en mi tierra y a ver quién termina quedándose con ese patrimonio.

—¡Toco madera, toco madera! —exclamó Josefina, tocando rápidamente un mueble de madera cercano—. ¡No seas salada, no andes diciendo esas cosas!

La abuela soltó una carcajada.

—Igual iba a ser tuyo tarde o temprano, Jose, así que no te pongas renegada. Prefiero pasártelo desde ahorita, me da mucha más tranquilidad.

Finalmente, Josefina no tuvo más remedio que asintir, sintiendo una inmensa gratitud recorriéndole el pecho.

Sus propios padres le habían bloqueado las cuentas bancarias por darle preferencia a una hija adoptiva; para colmo, cuando ella necesitaba dinero tenía que ingeniárselas como pudiera.

En contraste, a su abuela no le importaba otra cosa más que asegurarse de que estuviera bien. El simple hecho de verla en problemas le bastó para entregarle todos sus bienes de golpe.

Ese cariño sincero funcionó como un bálsamo que le curó todas las heridas del pasado.

Cuando Josefina accedió, pareció quitarle un gran peso de encima a la anciana, que, como todo un evento extraordinario, cenó más que de costumbre.

Tras terminar de comer, ambas bajaron al parque a dar una caminata.

Y de pura casualidad, terminaron cruzándose con Manuel.

El hombre andaba dando la vuelta con un enorme Samoyedo blanco con correa.

Llevaba ropa casual, pantalón largo y playera; se le veía bastante relajado.

—¿Josefina? ¿Y a quién tenemos aquí?

Con una sonrisa, ella hizo las presentaciones:

—Es mi abuela. Abuela, te presento a mi amigo Manuel.

—Es un placer conocerla, señora —saludó Manuel, enderezando su postura y mostrando bastante respeto.

La abuela le regaló una sonrisa amigable.

—¿Cuántos años tiene, mijo?

Manuel se quedó tieso. Por lo general, cuando una mujer mayor le preguntaba la edad, era para tratar de emparejarlo con alguien...

Echó una miradita de reojo hacia Josefina, que en ese momento estaba haciéndole cariños al perro, y contestó:

—Tengo 29.

—¡Ah, muy bien! —aprobó la señora Suárez asintiendo—. Es usted un muchacho muy guapo y se nota que es muy educado. De la mismita rodada que mi Jose.

Capítulo 255 1

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